El
culto a las deidades de la lluvia
en la Montaña de Guerrero
Samuel Villela Flores
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En
la región interétnica conocida
como Mixteca nahua tlapaneca o Montaña
de Guerrero se practican actualmente rituales
propiciatorios a las deidades de la lluvia que
tienen como fundamento una cosmovisión
centrada en el cultivo de la milpa. Estos rituales,
con una vigencia muy extendida entre los pueblos
de la región, se sustentan también
en una mitología centrada en la figura
de San Marcos y su felino, así como en
el simbolismo de la cruz.

La pelea o porrazo
del tigre, un evento gladiatorio para propiciar
la lluvia, se escenifica en fechas asociadas
al inicio del calendario agrícola. Los
participantes están conscientes, abierta
o soterradamente, de que los tigres pelean para
que el dolor, el sufrimiento físico y
la eventual sangre derramada sean ofrendas a
la deidad para que ésta, a su vez, otorgue
la lluvia y sus bienes. Pelea de tigres en Zitlala.
5 de mayo de 2008. Foto:
Samuel Villela F.
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En
tanto la cosmovisión de los grupos campesinos
de la Mixteca nahua tlapaneca está centrada en
el cultivo a la milpa, su religión tiene un carácter
marcadamente agrícola, por lo cual está
regida por deidades y entidades sobrenaturales que –se
cree– controlan a los agentes y fuerzas de la
naturaleza: el viento, la lluvia, el rayo, el trueno,
la fertilidad de la tierra. Esas deidades devienen de
mitos sobre el origen de la agricultura y de la lluvia,
así como de las creencias en cuanto a la conformación
del mundo en torno al trabajo agrícola y los
agentes naturales.
Entre los grupos indígenas de la Montaña
de Guerrero, además de los santos patronos de
cada pueblo, tenemos como principales deidades a San
Marcos y la Santa Cruz.
El
culto a San Marcos
Según el mito, San Marcos es el héroe
civilizador que dio la semilla del grano básico
a los grupos campesinos, con lo cual se configura una
continuidad desde la tradición mesoamericana.
Arropado en la figura del santo cristiano, lo encontramos
en una yuxtaposición, una amalgama de creencias
que forma parte medular de la religiosidad indígena.
El santo es reconfigurado a partir de atributos campesinos;
porta su bule para el agua y sostiene una mazorca y
una calabaza, como puede vérsele en las comunidades
nahua de Coachimalco y mixteca de Tototepec. En su advocación
de San Marcos evangelista, le acompaña un león
que será resignificado en la figura de un jaguar,
tal como lo encontramos en el par de felinos que flanquean
a una representación dual de dicho santo, en
la iglesia de la comunidad na savi de Mixtecapan,
municipio de San Luis Acatlán.
En la otra forma en que se le encuentra, paralela a
la antes descrita, tenemos a los San Marcos o San Marquitos,
ídolos prehispánicos que seguramente desempeñaron
un papel idéntico en la sociedad mesoamericana,
esto es, fungieron como deidades agrícolas y
de la lluvia.
Esos San Marcos se nos presentan, a su vez, en dos formas:
con carácter antropomorfo –sobre todo de
filiación ñuiñe– y de forma
esférica, en que grandes esferas de piedra representan,
también, a las gotas de lluvia. En cuanto a los
orígenes de esta representación tenemos
la siguiente referencia mítica:
Un día Marcial
Cruz preparándose para ir a su milpa. En sus
morral llevaba alimento que le había preparado
su mujer y en su mano llevaba su machete.
Cuando llegó a su terreno en “Arroyo Trueno”,
empezó a deshierbar cuando de pronto escuchó
voces y risas, pero como no veía a nadie cerca
del lugar continuó con sus labores, no obstante
las voces también continuaban. Más tarde
Marcial localizó el lugar de donde venían
las voces, se acercó y detrás de unos
arbustos descubrió unas piedras que hablaban.
Las piedras le dijeron a Marcial que eran hijas del
trueno, que cuando llueve ellas son las que hacen tronar
el cielo, que eran portadoras de vida; y que si él
les hacía fiesta, ellas a cambio le proporcionarían
buenas lluvias, buenas cosechas y salud para su familia
(Castro Domingo, 1994).
De tal manera que aquí
encontramos el referente sobre los orígenes y
función de dichas piedras, así como de
la ofrenda que ellas requieren para entregar sus dones
a los hombres.
Entre los na savi o mixtecos (pueblo de la
lluvia), San Marcos es conocido como Nú Savi
Tché –dios de la lluvia–; entre los
me’phaa o tlapanecos, se le identifica
como Akuun Iya o Bego –también, dios de
la lluvia–; mientras que entre los nahuas se le
reconoce con el nombre cristiano. Mas entre estos tres
grupos, en su relación con cerros y cuevas, su
nombre es sinónimo de “ídolo”,
con lo cual representa a la principal deidad agrícola
y de la lluvia, por lo que es la figura central en los
rituales de petición de lluvias que se celebran
el 25 de abril en la Montaña alta –sobre
todo–, aun cuando también tiene presencia
significativa en los rituales que se practican en la
misma fecha entre los nahuas de la Montaña baja
(los municipios de Chilapa, Zitlala, Atlixtac y Ahuacotzingo).
TEXTO COMPLETO EN LA
EDICIÓN IMPRESA
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• Samuel Luis Villela Flores.
Maestro en etnología por la ENAH. Profesor investigador
en la Dirección de Etnología y Antropología
Social (INAH). Coordinador del proyecto “Guerrero”,
dentro del proyecto nacional “Etnografía
de las regiones indígenas de México en
el nuevo milenio” (Coordinación Nacional
de Antropología/Conacyt).
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