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vol. XI, número 62, pp. 80-87
Baja
California Sur
Fermín Reygadas Dahl

Pintura rupestre del estilo Gran
Mural. Boca de San Julio, Sierra de San Francisco,
B.C.S.
Foto: André Cabrolier
/ Raíces
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Historia
La historia de Tabasco, estrechamente ligada a sus
condiciones climáticas y geológicas,
es la historia de la La península de Baja
California, localizada al noroeste de México,
es una de las más largas (1 300 km) y estrechas
(100 km) del mundo. El paralelo 28 la divide en
dos partes de, prácticamente, igual tamaño:
el estado de Baja California, al norte, y el estado
de Baja California Sur. A pesar de esta división,
los dos estados han compartido siempre una geografía
y una historia.
Con frecuencia, los arqueólogos se refieren
a los siglos inmediatamente anteriores al contacto
de los exploradores europeos con los antiguos pobladores
de la península de Baja California pericúes,
cochimíes y guaicuras como periodo
Protohistórico. Estos grupos eran, básicamente,
cazadores-recolectores y las representaciones de
arte rupestre, restos líticos y otros vestigios
arqueológicos muestran que su estilo de vida
no difiere mucho de los patrones culturales propios
de los grupos que vieron los europeos. El uso de
metates y otros implementos para la molienda fue
muy común entre los grupos indígenas
de la península (lo cual refleja la importancia
que tenían las semillas en su dieta); también
utilizaron cordeles y canastos hechos de fibras
vegetales, así como instrumentos para cortar
y raspar. Al parecer, las lanzaderas, conocidas
como átlatl, aparecieron con los primeros
pobladores de la región y se usaron por miles
de años. Antes del contacto, los antiguos
pobladores no poseían recipientes de cerámica
o utensilios de metal; los objetos se elaboraban
con materiales de origen natural, entre ellos: roca,
madera, hueso, conchas, pieles de animales y fibras
vegetales. En la medida en que cambiaban las condiciones
climáticas y terrestres en la región
de las Californias aparecían nuevos recursos
alimentarios y nuevas tecnologías.
Las formas de vida de los grupos indígenas
también sufrieron transformaciones importantes
a raíz de su interacción con los europeos.
Por ello, se puede hablar de dos tipos de contacto:
el intermitente y el permanente. El primero se refiere
a encuentros que se dieron de una manera fugaz pero
significativa, siglos antes de que se establecieran
las misiones y otros asentamientos o instituciones
permanentes (1533-1697); el segundo, a los ocurridos
durante la colonización española.
Ambos tipos de contacto originaron cambios importantes,
biológicos y culturales, en las poblaciones
indígenas pre y post misionales. Algunas
evidencias sugieren que enfermedades exóticas
y conceptos sociales y religiosos fueron introducidos
por marinos europeos y por algunos africanos y asiáticos
antes de que las colonias españolas se establecieran
en América de manera definitiva. Esto alteró
las formas de vida de las sociedades indígenas
y minó drásticamente la salud y fortaleza
de la población, que mostró poca o
ninguna resistencia a enfermedades devastadoras
como la viruela, la influenza y la varicela. Asimismo,
los casamientos y uniones entre indígenas
y no indígenas aceleraron el cambio en los
patrones culturales prehispánicos.
Por otro lado, conforme las misiones y otras instituciones
se arraigaron en América, los europeos introdujeron
productos agrícolas y ganaderos que transformaron
el ambiente natural y cultural, ya que incrementaron
las dificultades de los grupos de cazadores-recolectores
para mantener su economía tradicional y,
en consecuencia, los obligó a buscar una
interacción más directa con las misiones
y otras instituciones europeas. Esto, hacia finales
del siglo XVIII, puso en marcha el proceso de aculturación.
La reacción de los indígenas ante
este proceso varió considerablemente de grupo
a grupo, de región a región y de periodo
a periodo; fue desde la aceptación progresiva
hasta la rebelión (por ejemplo, la sublevación
pericú de 1734-1737). Los grupos nativos
aceptaron algunos cambios materiales, como por ejemplo
la introducción de armas y utensilios de
metal, pero en otros casos reaccionaron de manera
violenta, sobre todo cuando los europeos trataron
de imponer sus prácticas sociales o religiosas.
En realidad, pocos patrones culturales indígenas
quedaron intactos después del contacto con
los europeos. Algunas poblaciones sucumbieron totalmente
a las epidemias y los patrones de los grupos que
no desaparecieron se transformaron de manera paulatina
y permanente. Incluso, en muchas regiones las lenguas
de los indígenas y otras manifestaciones
culturales se extinguieron antes de que pudieran
ser registradas de manera sistemática por
historiadores y antropólogos, sobre todo
las de quienes se encontraban alrededor de las áreas
dominadas por las misiones.
La red de 48 misiones que, entre 1697 y 1834, establecieron
clérigos jesuitas, franciscanos y dominicos
que abarcó desde la región del
Cabo, Baja California, hasta Sonoma, Alta California
fue una pieza clave para fortalecer al imperio español.
Los jesuitas fueron los primeros en llegar a la
Antigua o Baja California, con el firme propósito
de establecer las visitas y misiones
que fueron utilizadas por la corona no sólo
para convertir a los indios a la religión
católica e incorporarlos a la sociedad española,
sino también para proteger su comercio con
Oriente y defender sus intereses geopolíticos
y económicos en las Californias. El sistema
misional jesuita fue único en la historia
del virreinato de la Nueva España, ya que
era independiente y no existía un gobierno
civil o militar que ejerciera poder sobre él
o generara conflictos entre Iglesia y Estado.
Después de expulsar a los jesuitas, la administración
de la corona estableció un nuevo sistema
económico y político basado en el
desarrollo minero, y la poca población indígena
que resistió a la colonización de
la Baja California fue desplazada por soldados,
trabajadores de la misión y nuevos colonos
que llegaron para recibir los campos agrícolas
y ganaderos, antes propiedad de la red misional.
| Cronología
de Baja California |
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Epoca prehispánica
13000-10000 a.C. Nuevos patrones climáticos,
os en lugares como Bahía de los Ángeles.
5500 a.C. Fecha corresspondiente a
las pinaparición de comunidades de
plantas y animales, y desaparición
de otras.
11000. Finales de la Edad de Hielo.
Presencia del hombre en la región central
de la península, como lo muestran las
puntas Clovis.
9000 a.C. Aprovechamiento de los recursos
marinturas rupestres de San Borjitas, pertenecientes
a la tradición Gran Mural.
2500 a.C. En El Conchalito, asentamiento
relativamente permanente, se llevan a cabo
entierros seccionados.
2000 a.C. Se generan patrones culturales
que permanecen casi intactos hasta la llegada
de los europeos.
Época colonial
1533. Fortún Jiménez realiza
el primer desembarco español en la
Baja California, como parte de las expediciones
de Hernán Cortés.
1535. El 3 de mayo, Hernán Cortés
llega a lo que hoy se conoce como Bahía
de La Paz.
1539. Francisco de Ulloa desembarca
en el río Colorado.
1587. Thomas Cavendish, corsario inglés,
captura la nao de China en lo que hoy es Cabo
San Lucas.
1602-1603. Sebastián Vizcaíno
realiza varias expediciones y elabora un mapa
de la costa de las Californias.
1696. Promovido por Francisco Eusebio
Kino y Juan María de Salvatierra, se
establece el Fondo Piadoso de las Californias.
1697. Salvatierra funda la misión
y presidio de Loreto, primer asentamiento
permanente de un total de 17 misiones jesuitas.
1734. Estalla una rebelión pericú
que provoca la muerte de los misioneros Carranco
y Tamaral.
1767. Gaspar Portolá desembarca
en San José del Cabo. Comienza el proceso
de expulsión de los jesuitas.
1768. El visitador general José
de Gálvez envía dos expediciones
para colonizar el norte de la península.
1768-1810. Primer periodo de gobierno
civil. Se establece un nuevo sistema económico
y político basado en el desarrollo
minero.
1769. Fray Junípero Serra funda
la misión de San Fernando Velicatá,
la única franciscana en Baja California.
1774. Fray Vicente Mora funda Nuestra
Señora del Rosario de Viñadacó,
primer establecimiento dominico en Baja California.
Siglo XIX
1824. Establecimiento de la Alta y la
Baja California como territorios federales.
1837. La Paz se convierte en capital
de Baja California.
1846-1848. Los norteamericanos invaden
la península.
1850. Primera legislación de
Baja California.
1853. William Walker invade la península.
1883. Primera excavación en
la península por Herman Ten Kate.
Siglo XX
1909. Paul Rivet difunde la hipótesis
sobre el poblamiento de América por
grupos melanésicos.
1920. Malcom Rogers inicia trabajos
de prospección arqueológica
en el norte de Baja California.
1942. Aparece el importante texto de
Paul Kirchhoff: Las tribus de la Baja
California.
1947. William Massey inicia sus investigaciones
en la península.
1952. El Territorio Norte de la Baja
California se convierte en el Estado de Baja
California.
1974. El Territorio de Baja California
Sur se convierte en el Estado de Baja California
Sur.
1993. Las pinturas del estilo Gran
Mural de la Sierra de San Francisco son declaradas
Patrimonio de la Humanidad por la unesco.
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Recorrido
La Paz-Los Cabos
La
Paz
Fue fundada el 3 de mayo de 1535 por el conquistador
Hernán Cortés, quien la llamó
Bahía de la Santa Cruz; en 1596, el explorador
Sebastián Vizcaíno la rebautizó
como Bahía de La Paz. Se recomienda visitar
El Conchalito localizado al sur de la ciudad,
junto a las instalaciones del Centro de Estudios
Tecnológicos del Mar, importante sitio
arqueológico en el que se han encontrado
entierros con varios esqueletos humanos, algunos
de los cuales se exhiben en el Museo Regional de
Antropología e Historia de la ciudad. También
hay vestigios de un conchero, con restos de moluscos
y huesos quemados de pescado principalmente, los
cuales formaban parte de la dieta de los grupos
de cazadores-recolectores de la región y
tienen una antigüedad de, aproximadamente,
2 000 años.
El
Triunfo
Situado a 52 km de La Paz, por la carretera Transpeninsular
y rumbo a San José del Cabo, este antiguo
pueblo minero tuvo su apogeo a finales del siglo
xix, cuando contaba con 10 000 habitantes y era
el poblado más grande en Baja California.
En el sitio hubo explotación de oro y plata.
En 1878 se estableció la compañía
minera El Progreso, la cual instaló más
de 40 km de tiro y socavones, máquinas elevadoras,
taladoras, etc., y construyó una hacienda.
Entre otras construcciones, destacan una chimenea
de más de 40 m, donde está impresa
la fecha de 1890, y el Ayuntamiento, hoy Casa de
la Cultura. En la actualidad se están reciclando
los jales a pequeña escala, para extraer
residuos de metales preciosos. Las artesanías
de palma real son características del lugar.
| Museo
Regional de Antropología e Historia,
La Paz |
| Inaugurado
en 1982 y actualmente administrado por el inah
y el gobierno del estado, consta de cinco niveles,
un jardín botánico y un jardín
arqueológico con reconstrucciones de
algunas piezas mesoamericanas, como la Piedra
del Sol. El sótano del edificio aloja
colecciones de arqueología y antropología
física del estado. En el primer piso
hay una colección de rocas características
de la región y una de fósiles,
tanto de origen marino como terrestre. En esta
última destacan un caparazón
de tortuga terrestre del género Go-pherus,
del Pleistoceno (20000 a 9000 años a.p.),
encontrado en el ejido El Carrizal; un fósil
de misticeto dentado del Oligoceno; y un fósil
de delfín aún sin clasificar;
estos últimos tienen, aproximadamente,
24 millones de años y provienen de San
Juan de La Costa, B.C.S. En ese mismo piso también
se encuentran algunas reproducciones de entierros
humanos de El Conchalito y un mural en el que
se representa el sitio, la población
indígena, parte de la flora y la fauna
de la región y, en un extremo, el desembarco
de Hernán Cortés en el puerto
de la Santa Cruz, hoy La Paz. Al pie del mural
se ve una reconstrucción del sitio con
algunos de los vestigios arqueológicos
más representativos, como un cuchillo
en forma de diamante de riolita, un átlatl
o lanzadardos de madera y otros instrumentos.
En la segunda planta se dedica un espacio a
los grupos indígenas y a sus migraciones.
Además, se exhiben entierros de la cultura
de las Palmas y algunas fotografías y
reproducciones de pinturas rupestres y petroglifos. |
| Información
práctica |
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Cocina
regional
Platillos típicos. Almejas chocolatas,
al natural o rellenas y empapeladas; en Loreto,
almejas en su concha asadas a la fogata; en
restaurantes tradicionales situados en la
carretera Transpeninsular, burritos de machaca
regional, sin huevo; cabrilla o dorado a la
plancha o al mojo de ajo; tacos de pescado
rebosados; marlín o atún fresco
ahumados; quesadillas de tortilla de harina;
caguamanta; lisas ahumadas; huachinango relleno
de mariscos; machaca de mantarraya; almejas
en escabeche; medallón imperial de
camarón y tocino.
Productos varios. En algunos ranchos
se elabora queso de apollo y de cabra seco;
queso fresco regional y con chilpitín;
en San Ignacio, Comondú y Mulegé,
dátiles; aceitunas en conserva; en
la carretera Transpeninsular, pitahaya dulce
(en verano) y agria (en otoño); ciruela
de monte y chunique (almendra del hueso de
la fruta); carne seca enchilada; chilpitín;
carnes de avestruz y arrachera; mariscos y
crustáceos: langosta, abulón,
callo de hacha, camarón, almejas, ostión
de piedra o mangle, pata de mula, caracoles
chino y burro.
Dulces y postres. Por toda la región
encontrará mangate; guayabate con queso
fresco regional; chimangos; corundas; orejones
de mango; dulce de biznaga; conserva de pitahaya;
panocha de gajo (naranja, pomela, etc.); higos
y fruta seca.
Bebidas. En el norte de la península,
excelentes vinos de diferentes marcas; en
Comondú y San Javier, vinos regionales;
licor de damiana; el original clamato mexiquense;
margarita con un toque de damiana.
Cuándo ir
Se sugiere viajar por la carretera y la montaña
en las regiones sur y media de la península,
entre noviembre y principios de abril, para
evitar el fuerte calor.
Alojamiento
En la península se recomienda la cadena
hotelera La Pinta, la cual tiene instalaciones
en Ensenada, San Quintín, Cataviñá,
Guerrero Negro, San Ignacio y Loreto. En la
región de los Cabos hay un gran número
de posibilidades de alojamiento para los visitantes
en Cabo San Lucas, San José del Cabo
y La Paz.
Atractivo turístico
Se recomienda visitar a las ballenas, que
se encuentran sobre todo al sur del Golfo
de California y en la costa del Pacífico,
en Guerrero Negro.
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La Paz-Los Cabos
Partiendo de La Paz hacia el sur de la península
se encuentra el pequeño poblado de San
Pedro, a un costado de la carretera Transpeninsular,
en el que se llevan a cabo las típicas carreras
parejeras de caballos. Cinco kilómetros
adelante está una bifurcación, con
dos caminos que llevan a Cabo
San Lucas: uno por la vertiente del Golfo de
California y otro por la costa del océano
Pacífico, trayecto más recto y cortó
en el que muchos de los tramos de la carretera pasan
junto al mar.
Camino del Golfo. Por este camino se encuentran
dos poblados asentados en pequeñas montañas:
San Antonio y San Bartolo. En este
último se puede disfrutar de platillos típicos
como machaca con tortillas de harina, burritos y
tamales, y, a la orilla de la carretera, de dulces
regionales como orejones de mango, mangate, ate
de guayaba y panocha de gajo. Adelante de San Bartolo
se localiza la hermosa Bahía de Palmas
y, en la costa, los poblados de Los Barriles
y Buenavista. Ambos cuentan con varios hoteles
visitados, principalmente, por turistas estadunidenses
que van a practicar el wind surf y la famosa pesca
deportiva. Cuando la carretera se aleja de la costa
para internarse entre la mesa y los cauces de los
anchos arroyos se pueden ver Las Cuevas, Santiago,
Miraflores y Caduaño. Al sur
de estos sitios, cerca de Santa Anita, se
encuentra el aeropuerto internacional de Los Cabos.
Desde aquí se puede tomar la nueva autopista
que pasa cerca de la sierra y que, en San José
del Cabo, se une a la que termina en Cabo San Lucas;
o bien se puede continuar por la misma carretera,
que pasa por una serie de pequeños pueblos,
los cuales parecen una extensión de la ciudad
de San
José del Cabo debido al incremento de
la población en las últimas dos décadas.
Camino del Océano Pacífico.
Por este camino, que conduce de La Paz a Los Cabos,
se llega a Todos
Santos. Este pueblo, localizado a 33 km
de la bifurcación de la carretera Transpeninsular,
tiene un clima más templado que el resto
del sur de la península y un ambiente propicio
para el quehacer artístico e intelectual
(en él se encuentran distintos tipos de galerías).
Es imprescindible una visita al Centro Cultural
Siglo XXI antiguo edificio que funcionó
como escuela normalista en la que, además
de impartirse talleres culturales, se exhibe de
manera permanente una colección de fotografías
antiguas de la localidad y vestigios arqueológicos
de la cueva de Matancitas. Durante esta primera
parte del recorrido, la carretera pasa junto a Plutarco
Elías Calles y El Pescadero, poblados
que al igual que Todos Santos tienen una agricultura
en pequeña escala pero con alta tecnología
(mango, aguacate, papaya, naranja y cultivos comerciales
de exportación, principalmente chile, jitomate
y diversas hortalizas). Asimismo, destacan los cultivos
orgánicos de hortalizas, que si bien se destinan
a la exportación, se pueden consumir en algunos
restaurantes de Todos Santos.
Recorrido Loreto-San Ignacio
Loreto
Fundada por el padre Juan María de Salvatierra
el 4 de octubre de 1697, ésta fue la primera
misión y capital de las Californias. Por
carretera, se localiza a cinco horas al norte de
La Paz. Cuenta con aeropuerto internacional y, en
la actualidad, es capital del municipio que lleva
el mismo nombre. La antigua misión de Nuestra
Señora de Loreto y el Museo de las Misiones
(INAH) son sitios de interés para el visitante.
Las reconstrucciones efectuadas en la misión
han alterado la arquitectura original (del siglo
XVIII), aunque los cinco óleos del retablo,
un crucifijo y otros seis óleos se conservan
intactos. Cuenta además con piezas originales
de la liturgia y con utensilios utilizados por los
misioneros para cocinar y realizar labores agrícolas
y de construcción.
En el Museo de las Misiones se ofrece información
sobre el sistema misional de la antigua California,
así como sobre las exploraciones europeas.
También se presenta una pequeña muestra
de vestigios arqueológicos del área
y una reproducción antropológica de
una mujer guaicura con su indumentaria. En una de
las salas se exhiben algunos de los utensilios tradicionales
del rancho sudcaliforniano (herencia del periodo
misional); sobresalen los trabajos de talabartería
regional, como monturas y la cuera (traje que usa
el vaquero para ir al monte y protegerse de las
espinas, derivado de la vestimenta de gamuza de
los soldados del siglo XVIII).
San
Javier
Sobre la carretera Transpeninsular, a 1.6 km al
norte de Loreto, se localiza una brecha de 32 km
que lleva a la misión de San Javier. En el
trayecto se encuentran el sitio de Cuevas Pintas,
que posee pinturas rupestres; varios ranchos, entre
ellos Rancho Viejo, típico de Baja California
Sur; y, poco antes de llegar a la misión,
los restos de la primera obra hidráulica
de la península. La antigua misión
de San Javier es una iglesia de piedra muy bien
preservada que resguarda un retablo dorado con cinco
óleos, un crucifijo y dos estatuas del siglo
xvii: una de San Javier y otra de la Virgen de Guadalupe.
Se sugiere visitar las huertas, típicas de
la época misional, en las que se encuentran
plantas y árboles frutales introducidos por
los misioneros a la región, entre ellos olivo,
dátil, higo, vid, guayabo, cítricos;
se cree que uno de estos olivos es el más
antiguo de América.
Mulegé
Se localiza, por la carretera Transpeninsular, a
134 km al norte de Loreto. En el camino se pasa
por las bahías Concepción y del Burro,
en donde se encuentran unos petroglifos característicos
de la región. Mulegé está conformada
por un pequeño río y un estero; sus
palmas datileras y el agua son un oasis de verdor
que contrasta con la aridez de los cerros. La misión
de Santa
Rosalía de Mulegé, localizada
en las márgenes
del río, al poniente del puente carretero,
fue fundada en 1705 por los misioneros Pícolo
y Bazaldúa; a un costado de la misión
se encuentra un horno de cal misional y un mirador.
Mulegé es reconocida como heroica por un
grupo de rancheros que, bajo el mando del capitán
Manuel Pineda, venció al ejército
invasor norteamericano en 1847. Para visitar la
cueva de San Borjitas la cual se encuentra
a 65 km al norte, sitio con pinturas rupestres
de 7 500 años de antigüedad, se requiere
autorización del INAH.
Santa
Rosalía
Localizado aproximadamente a 60 km al norte de Loreto,
en medio de dos mesetas, este poblado aún
conserva construcciones de estilo francés
y restos de la antigua actividad que ahí
se realizaba: la explotación de ricos yacimientos
de cobre. En 1872 llegaron a Santa Rosalía
de Mulegé algunos empresarios europeos interesados
en la extracción y exportación de
ese mineral. La empresa más importante fue
El Boleo, compañía francesa que se
estableció en 1885, obtuvo el permiso para
explotar los recursos minerales de la región
y fundó el pueblo, que desde ese momento
se llamó simplemente Santa Rosalía.
Se recomienda visitar la iglesia de Santa Bárbara,
diseñada por el reconocido arquitecto Alexandre
Gustave Eiffel en 1884 y edificada en 1897; las
ruinas de la antigua fundidora; la antigua panadería
El Boleo; el Hotel Francés; la plaza principal;
el palacio municipal, y otros edificios públicos
que nos remontan al pasado. Cuenta con aeropuerto
nacional, terminal de autobuses y de transbordadores
(con ruta hacia Guaymas, Sonora) y cómodos
hoteles.
San
Ignacio
A la entrada del pueblo, localizado al norte de
Loreto, en el kilómetro 74 de la carretera
Transpeninsular, se encuentra la misión de
San Ignacio, fundada en 1716 por el padre Francisco
María Pícolo. La arquitectura original
de esta iglesia se encuentra prácticamente
intacta. En el interior destaca el altar de madera
labrada y chapada de oro, con óleos del siglo
XIX, unos nichos y unas estatuas, entre las que
sobresale la de San Ignacio de Loyola.
Pinturas rupestres
Sobre la carretera, 44 km al norte de San Ignacio,
hay una brecha que conduce a los ranchos de San
Francisco de la Sierra (a 22 km) y Santa Marta (a
35 km). Ambos lugares son famosos por albergar arte
rupestre de los grupos indígenas de Baja
California, el cual ha sido declarado patrimonio
cultural de la humanidad. Para ver las pinturas
es imprescindible conseguir un permiso en las oficinas
del inah localizadas en San Ignacio.
El norte de la Peninsula
Otras misiones al norte de Baja California
Entre las diversas misiones de Baja California está
la de San Francisco de Borja Adac, situada a 40
km de la carretera Transpeninsular, entre Punta
Prieta y Guerrero Negro. Es una de las mejor conservadas,
y fue fundada por los jesuitas en 1759 y concluida
por los dominicos. La misión de Santa Gertrudis
también fue fundada por los jesuitas, en
1752, ocupada por los dominicos y se encuentra bien
conservada; se localiza casi en el límite
con Baja California Sur. A 165 km de San Vicente
Ferrer, por la carretera Transpeninsular, están
las ruinas de la misión de Nuestra Señora
del Santísimo Rosario de Viñadacó,
fundada por los dominicos en 1774. A 67 km de ésta
se localizan los vestigios de San Fernando de Velicatá,
la única misión construida por los
franciscanos, en 1769.
Ensenada
Después de Mexicali, capital del estado,
y Tijuana, ésta es la ciudad más importante
de Baja California y un atractivo puerto de la costa
del Pacífico. Localizada entre el océano
y las montañas, es también uno de
los centros turísticos más destacados
de Baja California y, por su ubicación e
infraestructura, ocupa un lugar preponderante. Entre
las instituciones académicas y culturales
destaca la Escuela de Ciencias Marinas, la primera
oceanográfica en México. También
hay edificios de gran valor histórico como
la Antigua Aduana Marítima y el Museo Histórico
Regional de Ensenada, que presenta una exposición
llamada Pueblos y culturas del México
antiguo. Es una importante zona de viñedos;
en San Quintín se celebra una vendimia en
agosto.
La
Rumorosa
Los enormes bloques graníticos de la sierra
de La Rumorosa (km 71 de la carretera Mexicali-Tecate)
se conformaron a partir de movimientos geológicos
ocurridos hace millones de años. Recibió
su nombre por el ulular que produce el viento en
las escarpadas rocas. A unos tres kilómetros
se encuentra la zona arqueológica de El Vallecito,
con pinturas rupestres como la figura conocida como
el diablito.
Cataviñá
Se encuentra en la parte más rocosa del Parque
Natural del Desierto Central y se aprecian impresionantes
paisajes desérticos. Las pinturas rupestres,
a 400 m de la carretera Transpeninsular, son otro
de sus principales atractivos. Cerca de ahí
se puede visitar la misión colonial de Santa
María.
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Fermín Reygadas Dahl. Arqueólogo por la
ENAH. Profesor e investigador de la Universidad Autónoma
de Baja California Sur. |
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ESPECIAL
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VIGENTE
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