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vol. XI, número 62, pp. 80-87
Baja California Sur
Fermín Reygadas Dahl

Pintura rupestre del estilo Gran Mural. Boca de San Julio, Sierra de San Francisco, B.C.S.
Foto: André Cabrolier / Raíces

Historia

La historia de Tabasco, estrechamente ligada a sus condiciones climáticas y geológicas, es la historia de la La península de Baja California, localizada al noroeste de México, es una de las más largas (1 300 km) y estrechas (100 km) del mundo. El paralelo 28 la divide en dos partes de, prácticamente, igual tamaño: el estado de Baja California, al norte, y el estado de Baja California Sur. A pesar de esta división, los dos estados han compartido siempre una geografía y una historia.

Con frecuencia, los arqueólogos se refieren a los siglos inmediatamente anteriores al contacto de los exploradores europeos con los antiguos pobladores de la península de Baja California –pericúes, cochimíes y guaicuras– como periodo Protohistórico. Estos grupos eran, básicamente, cazadores-recolectores y las representaciones de arte rupestre, restos líticos y otros vestigios arqueológicos muestran que su estilo de vida no difiere mucho de los patrones culturales propios de los grupos que vieron los europeos. El uso de metates y otros implementos para la molienda fue muy común entre los grupos indígenas de la península (lo cual refleja la importancia que tenían las semillas en su dieta); también utilizaron cordeles y canastos hechos de fibras vegetales, así como instrumentos para cortar y raspar. Al parecer, las lanzaderas, conocidas como átlatl, aparecieron con los primeros pobladores de la región y se usaron por miles de años. Antes del contacto, los antiguos pobladores no poseían recipientes de cerámica o utensilios de metal; los objetos se elaboraban con materiales de origen natural, entre ellos: roca, madera, hueso, conchas, pieles de animales y fibras vegetales. En la medida en que cambiaban las condiciones climáticas y terrestres en la región de las Californias aparecían nuevos recursos alimentarios y nuevas tecnologías.

Las formas de vida de los grupos indígenas también sufrieron transformaciones importantes a raíz de su interacción con los europeos. Por ello, se puede hablar de dos tipos de contacto: el intermitente y el permanente. El primero se refiere a encuentros que se dieron de una manera fugaz pero significativa, siglos antes de que se establecieran las misiones y otros asentamientos o instituciones permanentes (1533-1697); el segundo, a los ocurridos durante la colonización española.

Ambos tipos de contacto originaron cambios importantes, biológicos y culturales, en las poblaciones indígenas pre y post misionales. Algunas evidencias sugieren que enfermedades exóticas y conceptos sociales y religiosos fueron introducidos por marinos europeos y por algunos africanos y asiáticos antes de que las colonias españolas se establecieran en América de manera definitiva. Esto alteró las formas de vida de las sociedades indígenas y minó drásticamente la salud y fortaleza de la población, que mostró poca o ninguna resistencia a enfermedades devastadoras como la viruela, la influenza y la varicela. Asimismo, los casamientos y uniones entre indígenas y no indígenas aceleraron el cambio en los patrones culturales prehispánicos.

Por otro lado, conforme las misiones y otras instituciones se arraigaron en América, los europeos introdujeron productos agrícolas y ganaderos que transformaron el ambiente natural y cultural, ya que incrementaron las dificultades de los grupos de cazadores-recolectores para mantener su economía tradicional y, en consecuencia, los obligó a buscar una interacción más directa con las misiones y otras instituciones europeas. Esto, hacia finales del siglo XVIII, puso en marcha el proceso de aculturación. La reacción de los indígenas ante este proceso varió considerablemente de grupo a grupo, de región a región y de periodo a periodo; fue desde la aceptación progresiva hasta la rebelión (por ejemplo, la sublevación pericú de 1734-1737). Los grupos nativos aceptaron algunos cambios materiales, como por ejemplo la introducción de armas y utensilios de metal, pero en otros casos reaccionaron de manera violenta, sobre todo cuando los europeos trataron de imponer sus prácticas sociales o religiosas.

En realidad, pocos patrones culturales indígenas quedaron intactos después del contacto con los europeos. Algunas poblaciones sucumbieron totalmente a las epidemias y los patrones de los grupos que no desaparecieron se transformaron de manera paulatina y permanente. Incluso, en muchas regiones las lenguas de los indígenas y otras manifestaciones culturales se extinguieron antes de que pudieran ser registradas de manera sistemática por historiadores y antropólogos, sobre todo las de quienes se encontraban alrededor de las áreas dominadas por las misiones.

La red de 48 misiones que, entre 1697 y 1834, establecieron clérigos jesuitas, franciscanos y dominicos –que abarcó desde la región del Cabo, Baja California, hasta Sonoma, Alta California– fue una pieza clave para fortalecer al imperio español. Los jesuitas fueron los primeros en llegar a la Antigua o Baja California, con el firme propósito de establecer las “visitas” y misiones que fueron utilizadas por la corona no sólo para convertir a los indios a la religión católica e incorporarlos a la sociedad española, sino también para proteger su comercio con Oriente y defender sus intereses geopolíticos y económicos en las Californias. El sistema misional jesuita fue único en la historia del virreinato de la Nueva España, ya que era independiente y no existía un gobierno civil o militar que ejerciera poder sobre él o generara conflictos entre Iglesia y Estado.

Después de expulsar a los jesuitas, la administración de la corona estableció un nuevo sistema económico y político basado en el desarrollo minero, y la poca población indígena que resistió a la colonización de la Baja California fue desplazada por soldados, trabajadores de la misión y nuevos colonos que llegaron para recibir los campos agrícolas y ganaderos, antes propiedad de la red misional.

Cronología de Baja California

Epoca prehispánica
13000-10000 a.C.
Nuevos patrones climáticos, os en lugares como Bahía de los Ángeles.
5500 a.C. Fecha corresspondiente a las pinaparición de comunidades de plantas y animales, y desaparición de otras.
11000. Finales de la Edad de Hielo. Presencia del hombre en la región central de la península, como lo muestran las puntas Clovis.
9000 a.C. Aprovechamiento de los recursos marinturas rupestres de San Borjitas, pertenecientes a la tradición Gran Mural.
2500 a.C. En El Conchalito, asentamiento relativamente permanente, se llevan a cabo entierros seccionados.
2000 a.C. Se generan patrones culturales que permanecen casi intactos hasta la llegada de los europeos.

Época colonial
1533.
Fortún Jiménez realiza el primer desembarco español en la Baja California, como parte de las expediciones de Hernán Cortés.
1535. El 3 de mayo, Hernán Cortés llega a lo que hoy se conoce como Bahía de La Paz.
1539. Francisco de Ulloa desembarca en el río Colorado.
1587. Thomas Cavendish, corsario inglés, captura la nao de China en lo que hoy es Cabo San Lucas.
1602-1603. Sebastián Vizcaíno realiza varias expediciones y elabora un mapa de la costa de las Californias.
1696. Promovido por Francisco Eusebio Kino y Juan María de Salvatierra, se establece el Fondo Piadoso de las Californias.
1697. Salvatierra funda la misión y presidio de Loreto, primer asentamiento permanente de un total de 17 misiones jesuitas.
1734. Estalla una rebelión pericú que provoca la muerte de los misioneros Carranco y Tamaral.
1767. Gaspar Portolá desembarca en San José del Cabo. Comienza el proceso de expulsión de los jesuitas.
1768. El visitador general José de Gálvez envía dos expediciones para colonizar el norte de la península.
1768-1810. Primer periodo de gobierno civil. Se establece un nuevo sistema económico y político basado en el desarrollo minero.
1769. Fray Junípero Serra funda la misión de San Fernando Velicatá, la única franciscana en Baja California.
1774. Fray Vicente Mora funda Nuestra Señora del Rosario de Viñadacó, primer establecimiento dominico en Baja California.

Siglo XIX
1824.
Establecimiento de la Alta y la Baja California como territorios federales.
1837. La Paz se convierte en capital de Baja California.
1846-1848. Los norteamericanos invaden la península.
1850. Primera legislación de Baja California.
1853. William Walker invade la península.
1883. Primera excavación en la península por Herman Ten Kate.

Siglo XX
1909.
Paul Rivet difunde la hipótesis sobre el poblamiento de América por grupos melanésicos.
1920. Malcom Rogers inicia trabajos de prospección arqueológica en el norte de Baja California.
1942. Aparece el importante texto de Paul Kirchhoff: “Las tribus de la Baja California”.
1947. William Massey inicia sus investigaciones en la península.
1952. El Territorio Norte de la Baja California se convierte en el Estado de Baja California.
1974. El Territorio de Baja California Sur se convierte en el Estado de Baja California Sur.
1993. Las pinturas del estilo Gran Mural de la Sierra de San Francisco son declaradas Patrimonio de la Humanidad por la unesco.

Recorrido La Paz-Los Cabos

La Paz
Fue fundada el 3 de mayo de 1535 por el conquistador Hernán Cortés, quien la llamó Bahía de la Santa Cruz; en 1596, el explorador Sebastián Vizcaíno la rebautizó como Bahía de La Paz. Se recomienda visitar El Conchalito –localizado al sur de la ciudad, junto a las instalaciones del Centro de Estudios Tecnológicos del Mar–, importante sitio arqueológico en el que se han encontrado entierros con varios esqueletos humanos, algunos de los cuales se exhiben en el Museo Regional de Antropología e Historia de la ciudad. También hay vestigios de un conchero, con restos de moluscos y huesos quemados de pescado principalmente, los cuales formaban parte de la dieta de los grupos de cazadores-recolectores de la región y tienen una antigüedad de, aproximadamente, 2 000 años.

El Triunfo
Situado a 52 km de La Paz, por la carretera Transpeninsular y rumbo a San José del Cabo, este antiguo pueblo minero tuvo su apogeo a finales del siglo xix, cuando contaba con 10 000 habitantes y era el poblado más grande en Baja California. En el sitio hubo explotación de oro y plata. En 1878 se estableció la compañía minera El Progreso, la cual instaló más de 40 km de tiro y socavones, máquinas elevadoras, taladoras, etc., y construyó una hacienda. Entre otras construcciones, destacan una chimenea de más de 40 m, donde está impresa la fecha de 1890, y el Ayuntamiento, hoy Casa de la Cultura. En la actualidad se están reciclando los jales a pequeña escala, para extraer residuos de metales preciosos. Las artesanías de palma real son características del lugar.

Museo Regional de Antropología e Historia, La Paz
Inaugurado en 1982 y actualmente administrado por el inah y el gobierno del estado, consta de cinco niveles, un jardín botánico y un jardín arqueológico con reconstrucciones de algunas piezas mesoamericanas, como la Piedra del Sol. El sótano del edificio aloja colecciones de arqueología y antropología física del estado. En el primer piso hay una colección de rocas características de la región y una de fósiles, tanto de origen marino como terrestre. En esta última destacan un caparazón de tortuga terrestre del género Go-pherus, del Pleistoceno (20000 a 9000 años a.p.), encontrado en el ejido El Carrizal; un fósil de misticeto dentado del Oligoceno; y un fósil de delfín aún sin clasificar; estos últimos tienen, aproximadamente, 24 millones de años y provienen de San Juan de La Costa, B.C.S. En ese mismo piso también se encuentran algunas reproducciones de entierros humanos de El Conchalito y un mural en el que se representa el sitio, la población indígena, parte de la flora y la fauna de la región y, en un extremo, el desembarco de Hernán Cortés en el puerto de la Santa Cruz, hoy La Paz. Al pie del mural se ve una reconstrucción del sitio con algunos de los vestigios arqueológicos más representativos, como un cuchillo en forma de diamante de riolita, un átlatl o lanzadardos de madera y otros instrumentos. En la segunda planta se dedica un espacio a los grupos indígenas y a sus migraciones. Además, se exhiben entierros de la cultura de las Palmas y algunas fotografías y reproducciones de pinturas rupestres y petroglifos.

Información práctica

Cocina regional
Platillos típicos.
Almejas chocolatas, al natural o rellenas y empapeladas; en Loreto, almejas en su concha asadas a la fogata; en restaurantes tradicionales situados en la carretera Transpeninsular, burritos de machaca regional, sin huevo; cabrilla o dorado a la plancha o al mojo de ajo; tacos de pescado rebosados; marlín o atún fresco ahumados; quesadillas de tortilla de harina; caguamanta; lisas ahumadas; huachinango relleno de mariscos; machaca de mantarraya; almejas en escabeche; medallón imperial de camarón y tocino.

Productos varios. En algunos ranchos se elabora queso de apollo y de cabra seco; queso fresco regional y con chilpitín; en San Ignacio, Comondú y Mulegé, dátiles; aceitunas en conserva; en la carretera Transpeninsular, pitahaya dulce (en verano) y agria (en otoño); ciruela de monte y chunique (almendra del hueso de la fruta); carne seca enchilada; chilpitín; carnes de avestruz y arrachera; mariscos y crustáceos: langosta, abulón, callo de hacha, camarón, almejas, ostión de piedra o mangle, pata de mula, caracoles chino y burro.

Dulces y postres. Por toda la región encontrará mangate; guayabate con queso fresco regional; chimangos; corundas; orejones de mango; dulce de biznaga; conserva de pitahaya; panocha de gajo (naranja, pomela, etc.); higos y fruta seca.

Bebidas. En el norte de la península, excelentes vinos de diferentes marcas; en Comondú y San Javier, vinos regionales; licor de damiana; el original clamato mexiquense; margarita con un toque de damiana.

Cuándo ir
Se sugiere viajar por la carretera y la montaña en las regiones sur y media de la península, entre noviembre y principios de abril, para evitar el fuerte calor.

Alojamiento
En la península se recomienda la cadena hotelera La Pinta, la cual tiene instalaciones en Ensenada, San Quintín, Cataviñá, Guerrero Negro, San Ignacio y Loreto. En la región de los Cabos hay un gran número de posibilidades de alojamiento para los visitantes en Cabo San Lucas, San José del Cabo y La Paz.

Atractivo turístico

Se recomienda visitar a las ballenas, que se encuentran sobre todo al sur del Golfo de California y en la costa del Pacífico, en Guerrero Negro.


La Paz-Los Cabos
Partiendo de La Paz hacia el sur de la península se encuentra el pequeño poblado de San Pedro, a un costado de la carretera Transpeninsular, en el que se llevan a cabo las típicas carreras “parejeras” de caballos. Cinco kilómetros adelante está una bifurcación, con dos caminos que llevan a Cabo San Lucas: uno por la vertiente del Golfo de California y otro por la costa del océano Pacífico, trayecto más recto y cortó en el que muchos de los tramos de la carretera pasan junto al mar.

Camino del Golfo. Por este camino se encuentran dos poblados asentados en pequeñas montañas: San Antonio y San Bartolo. En este último se puede disfrutar de platillos típicos como machaca con tortillas de harina, burritos y tamales, y, a la orilla de la carretera, de dulces regionales como orejones de mango, mangate, ate de guayaba y panocha de gajo. Adelante de San Bartolo se localiza la hermosa Bahía de Palmas y, en la costa, los poblados de Los Barriles y Buenavista. Ambos cuentan con varios hoteles visitados, principalmente, por turistas estadunidenses que van a practicar el wind surf y la famosa pesca deportiva. Cuando la carretera se aleja de la costa para internarse entre la mesa y los cauces de los anchos arroyos se pueden ver Las Cuevas, Santiago, Miraflores y Caduaño. Al sur de estos sitios, cerca de Santa Anita, se encuentra el aeropuerto internacional de Los Cabos. Desde aquí se puede tomar la nueva autopista que pasa cerca de la sierra y que, en San José del Cabo, se une a la que termina en Cabo San Lucas; o bien se puede continuar por la misma carretera, que pasa por una serie de pequeños pueblos, los cuales parecen una extensión de la ciudad de San José del Cabo debido al incremento de la población en las últimas dos décadas.

Camino del Océano Pacífico. Por este camino, que conduce de La Paz a Los Cabos, se llega a Todos Santos. Este pueblo, localizado a 33 km de la bifurcación de la carretera Transpeninsular, tiene un clima más templado que el resto del sur de la península y un ambiente propicio para el quehacer artístico e intelectual (en él se encuentran distintos tipos de galerías). Es imprescindible una visita al Centro Cultural Siglo XXI –antiguo edificio que funcionó como escuela normalista– en la que, además de impartirse talleres culturales, se exhibe de manera permanente una colección de fotografías antiguas de la localidad y vestigios arqueológicos de la cueva de Matancitas. Durante esta primera parte del recorrido, la carretera pasa junto a Plutarco Elías Calles y El Pescadero, poblados que al igual que Todos Santos tienen una agricultura en pequeña escala pero con alta tecnología (mango, aguacate, papaya, naranja y cultivos comerciales de exportación, principalmente chile, jitomate y diversas hortalizas). Asimismo, destacan los cultivos orgánicos de hortalizas, que si bien se destinan a la exportación, se pueden consumir en algunos restaurantes de Todos Santos.

Recorrido Loreto-San Ignacio

Loreto
Fundada por el padre Juan María de Salvatierra el 4 de octubre de 1697, ésta fue la primera misión y capital de las Californias. Por carretera, se localiza a cinco horas al norte de La Paz. Cuenta con aeropuerto internacional y, en la actualidad, es capital del municipio que lleva el mismo nombre. La antigua misión de Nuestra Señora de Loreto y el Museo de las Misiones (INAH) son sitios de interés para el visitante. Las reconstrucciones efectuadas en la misión han alterado la arquitectura original (del siglo XVIII), aunque los cinco óleos del retablo, un crucifijo y otros seis óleos se conservan intactos. Cuenta además con piezas originales de la liturgia y con utensilios utilizados por los misioneros para cocinar y realizar labores agrícolas y de construcción.

En el Museo de las Misiones se ofrece información sobre el sistema misional de la antigua California, así como sobre las exploraciones europeas. También se presenta una pequeña muestra de vestigios arqueológicos del área y una reproducción antropológica de una mujer guaicura con su indumentaria. En una de las salas se exhiben algunos de los utensilios tradicionales del rancho sudcaliforniano (herencia del periodo misional); sobresalen los trabajos de talabartería regional, como monturas y la cuera (traje que usa el vaquero para ir al monte y protegerse de las espinas, derivado de la vestimenta de gamuza de los soldados del siglo XVIII).

San Javier
Sobre la carretera Transpeninsular, a 1.6 km al norte de Loreto, se localiza una brecha de 32 km que lleva a la misión de San Javier. En el trayecto se encuentran el sitio de Cuevas Pintas, que posee pinturas rupestres; varios ranchos, entre ellos Rancho Viejo, típico de Baja California Sur; y, poco antes de llegar a la misión, los restos de la primera obra hidráulica de la península. La antigua misión de San Javier es una iglesia de piedra muy bien preservada que resguarda un retablo dorado con cinco óleos, un crucifijo y dos estatuas del siglo xvii: una de San Javier y otra de la Virgen de Guadalupe. Se sugiere visitar las huertas, típicas de la época misional, en las que se encuentran plantas y árboles frutales introducidos por los misioneros a la región, entre ellos olivo, dátil, higo, vid, guayabo, cítricos; se cree que uno de estos olivos es el más antiguo de América.

Mulegé
Se localiza, por la carretera Transpeninsular, a 134 km al norte de Loreto. En el camino se pasa por las bahías Concepción y del Burro, en donde se encuentran unos petroglifos característicos de la región. Mulegé está conformada por un pequeño río y un estero; sus palmas datileras y el agua son un oasis de verdor que contrasta con la aridez de los cerros. La misión de Santa Rosalía de Mulegé, localizada en las márgenes del río, al poniente del puente carretero, fue fundada en 1705 por los misioneros Pícolo y Bazaldúa; a un costado de la misión se encuentra un horno de cal misional y un mirador. Mulegé es reconocida como heroica por un grupo de rancheros que, bajo el mando del capitán Manuel Pineda, venció al ejército invasor norteamericano en 1847. Para visitar la cueva de San Borjitas –la cual se encuentra a 65 km al norte–, sitio con pinturas rupestres de 7 500 años de antigüedad, se requiere autorización del INAH.

Santa Rosalía
Localizado aproximadamente a 60 km al norte de Loreto, en medio de dos mesetas, este poblado aún conserva construcciones de estilo francés y restos de la antigua actividad que ahí se realizaba: la explotación de ricos yacimientos de cobre. En 1872 llegaron a Santa Rosalía de Mulegé algunos empresarios europeos interesados en la extracción y exportación de ese mineral. La empresa más importante fue El Boleo, compañía francesa que se estableció en 1885, obtuvo el permiso para explotar los recursos minerales de la región y fundó el pueblo, que desde ese momento se llamó simplemente Santa Rosalía. Se recomienda visitar la iglesia de Santa Bárbara, diseñada por el reconocido arquitecto Alexandre Gustave Eiffel en 1884 y edificada en 1897; las ruinas de la antigua fundidora; la antigua panadería El Boleo; el Hotel Francés; la plaza principal; el palacio municipal, y otros edificios públicos que nos remontan al pasado. Cuenta con aeropuerto nacional, terminal de autobuses y de transbordadores (con ruta hacia Guaymas, Sonora) y cómodos hoteles.

San Ignacio
A la entrada del pueblo, localizado al norte de Loreto, en el kilómetro 74 de la carretera Transpeninsular, se encuentra la misión de San Ignacio, fundada en 1716 por el padre Francisco María Pícolo. La arquitectura original de esta iglesia se encuentra prácticamente intacta. En el interior destaca el altar de madera labrada y chapada de oro, con óleos del siglo XIX, unos nichos y unas estatuas, entre las que sobresale la de San Ignacio de Loyola.

Pinturas rupestres
Sobre la carretera, 44 km al norte de San Ignacio, hay una brecha que conduce a los ranchos de San Francisco de la Sierra (a 22 km) y Santa Marta (a 35 km). Ambos lugares son famosos por albergar arte rupestre de los grupos indígenas de Baja California, el cual ha sido declarado patrimonio cultural de la humanidad. Para ver las pinturas es imprescindible conseguir un permiso en las oficinas del inah localizadas en San Ignacio.

El norte de la Peninsula

Otras misiones al norte de Baja California
Entre las diversas misiones de Baja California está la de San Francisco de Borja Adac, situada a 40 km de la carretera Transpeninsular, entre Punta Prieta y Guerrero Negro. Es una de las mejor conservadas, y fue fundada por los jesuitas en 1759 y concluida por los dominicos. La misión de Santa Gertrudis también fue fundada por los jesuitas, en 1752, ocupada por los dominicos y se encuentra bien conservada; se localiza casi en el límite con Baja California Sur. A 165 km de San Vicente Ferrer, por la carretera Transpeninsular, están las ruinas de la misión de Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Viñadacó, fundada por los dominicos en 1774. A 67 km de ésta se localizan los vestigios de San Fernando de Velicatá, la única misión construida por los franciscanos, en 1769.

Ensenada
Después de Mexicali, capital del estado, y Tijuana, ésta es la ciudad más importante de Baja California y un atractivo puerto de la costa del Pacífico. Localizada entre el océano y las montañas, es también uno de los centros turísticos más destacados de Baja California y, por su ubicación e infraestructura, ocupa un lugar preponderante. Entre las instituciones académicas y culturales destaca la Escuela de Ciencias Marinas, la primera oceanográfica en México. También hay edificios de gran valor histórico como la Antigua Aduana Marítima y el Museo Histórico Regional de Ensenada, que presenta una exposición llamada “Pueblos y culturas del México antiguo”. Es una importante zona de viñedos; en San Quintín se celebra una vendimia en agosto.

La Rumorosa
Los enormes bloques graníticos de la sierra de La Rumorosa (km 71 de la carretera Mexicali-Tecate) se conformaron a partir de movimientos geológicos ocurridos hace millones de años. Recibió su nombre por el ulular que produce el viento en las escarpadas rocas. A unos tres kilómetros se encuentra la zona arqueológica de El Vallecito, con pinturas rupestres como la figura conocida como “el diablito”.

Cataviñá
Se encuentra en la parte más rocosa del Parque Natural del Desierto Central y se aprecian impresionantes paisajes desérticos. Las pinturas rupestres, a 400 m de la carretera Transpeninsular, son otro de sus principales atractivos. Cerca de ahí se puede visitar la misión colonial de Santa María.

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Fermín Reygadas Dahl. Arqueólogo por la ENAH. Profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Baja California Sur.
ESPECIAL 27
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NÚMERO 92
VIGENTE
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