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vol. XI, número 63, pp. 80-87
Baja California
Ernesto Miranda Trigueros

Baja California posee zonas de gran importancia en el cultivo de la vid,
como los famosos viñedos del Valle de Guadalupe.

Foto: Michael caldewood

Historia
La península de Baja California, localizada al noroeste de México, es una de las más largas (1 300 km) y estrechas (100 km) del mundo. El paralelo 28 la divide en dos partes de, prácticamente, igual tamaño: el estado de Baja California, al norte, y el estado de Baja California Sur. A pesar de esta división, ambos estados han compartido siempre una geografía y una historia.

Con frecuencia, los arqueólogos se refieren a los siglos inmediatamente anteriores al contacto de los exploradores europeos con los antiguos pobladores de la península de Baja California –como los pericúes, cochimíes y guaicuras– como periodo Protohistórico. Estos grupos eran, básicamente, cazadores-recolectores y las representaciones de arte rupestre, restos líticos y otros vestigios arqueológicos muestran que su estilo de vida no difiere mucho de los patrones culturales propios de los grupos que vieron los europeos. El uso de metates y otros implementos para la molienda fue muy común entre los grupos indígenas de la península (lo cual refleja la importancia que tenían las semillas en su dieta); también utilizaron cordeles y canastos hechos de fibras vegetales, así como instrumentos para cortar y raspar. Al parecer, las lanzaderas, conocidas como átlatl, aparecieron con los primeros pobladores de la región y se usaron por miles de años. Antes del contacto, los antiguos pobladores no poseían recipientes de cerámica o utensilios de metal; los objetos se elaboraban con materiales de origen natural, entre ellos roca, madera, hueso, conchas, pieles de animales y fibras vegetales. En la medida en que cambiaban las condiciones climáticas y terrestres en la región de las Californias aparecían nuevos recursos alimentarios y novedosas tecnologías.

Las formas de vida de los grupos indígenas también sufrieron transformaciones importantes a raíz de su interacción con los europeos. Por ello, se puede hablar de dos tipos de contacto: el intermitente y el permanente. El primero se refiere a encuentros que se dieron de una manera fugaz pero significativa, siglos antes de que se establecieran las misiones y otros asentamientos o instituciones permanentes (1533-1697); el segundo, a los ocurridos durante la colonización española.

Ambos tipos de contacto originaron cambios importantes, biológicos y culturales, en las poblaciones indígenas pre y post misionales. Algunas evidencias sugieren que enfermedades exóticas y conceptos sociales y religiosos fueron introducidos por marinos europeos y por algunos africanos y asiáticos antes de que las colonias españolas se establecieran en América de manera definitiva. Esto alteró las formas de vida de las sociedades indígenas y minó drásticamente la salud y fortaleza de la población, que mostró poca o ninguna resistencia a enfermedades devastadoras como la viruela, la influenza y la varicela. Asimismo, los casamientos y uniones entre indígenas y no indígenas aceleraron el cambio en los patrones culturales prehispánicos.

Por otro lado, conforme las misiones y otras instituciones se arraigaron en América, los europeos introdujeron productos agrícolas y ganaderos que transformaron el ambiente natural y cultural, ya que incrementaron las dificultades de los grupos de cazadores-recolectores para mantener su economía tradicional y, en consecuencia, los obligó a buscar una interacción más directa con las misiones y otras instituciones europeas. Esto, hacia finales del siglo XVIII, puso en marcha el proceso de aculturación. La reacción de los indígenas ante este proceso varió considerablemente de grupo a grupo, de región a región y de periodo a periodo; fue desde la aceptación progresiva hasta la rebelión. Los grupos nativos aceptaron algunos cambios materiales, como por ejemplo la introducción de armas y utensilios de metal, pero en otros casos reaccionaron de manera violenta, sobre todo cuando los europeos trataron de imponer sus prácticas sociales o religiosas.

En realidad, pocos patrones culturales indígenas quedaron intactos después del contacto con los europeos. Algunas poblaciones sucumbieron totalmente a las epidemias y los patrones de los grupos que no desaparecieron se transformaron de manera paulatina y permanente. Incluso, en muchas regiones las lenguas de los indígenas y otras manifestaciones culturales se extinguieron antes de que pudieran ser registradas de manera sistemática por historiadores y antropólogos, sobre todo las de quienes se encontraban alrededor de las áreas dominadas por las misiones.

La red de 48 misiones que, entre 1697 y 1834, establecieron clérigos jesuitas, franciscanos y dominicos –que abarcó desde la región del Cabo, Baja California, hasta Sonoma, Alta California– fue una pieza clave para fortalecer al imperio español. Los jesuitas fueron los primeros en llegar a la Antigua o Baja California, con el firme propósito de establecer las “visitas” y misiones que fueron utilizadas por la corona no sólo para convertir a los indios a la religión católica e incorporarlos a la sociedad española, sino también para proteger su comercio con Oriente y defender sus intereses geopolíticos y económicos en las Californias. El sistema misional jesuita fue único en la historia del virreinato de la Nueva España, ya que era independiente y no había un gobierno civil o militar que ejerciera poder sobre él o generara conflictos entre Iglesia y Estado.

Después de expulsar a los jesuitas, la administración de la corona estableció un nuevo sistema económico y político basado en el desarrollo minero, y la poca población indígena que resistió a la colonización de la Baja California fue desplazada por soldados, trabajadores de la misión y nuevos colonos que llegaron para recibir los campos agrícolas y ganaderos, antes propiedad de la red misional.

(Texto de Fermín Reygadas Dahl, publicado en el núm. 62 de Arqueología Mexicana)
Cronología de Baja California

Época prehispánica
13000-10000 a.C. Nuevos patrones climáticos, aparición de comunidades de plantas y animales, y desaparición de otras.
11000. Finales de la Edad de Hielo. Presencia del hombre en la región central de la península, como lo muestran las puntas Clovis.
9000 a.C. Aprovechamiento de los recursos marinos en lugares como Bahía de los Ángeles.
5500 a.C. Fecha correspondiente a las pinturas rupestres de San Borjitas, pertenecientes a la tradición Gran Mural.
2500 a.C. En El Conchalito, asentamiento relativamente permanente, se llevan a cabo entierros seccionados.
2000 a.C. Se generan patrones culturales que permanecen casi intactos hasta la llegada de los europeos.
1450 a.C. Presencia de la última fase Yuma en la parte norte de Baja California.

Época colonial
1533.
Fortún Jiménez realiza el primer desembarco español en la Baja California, como parte de las expediciones de Hernán Cortés.
1535. El 3 de mayo Hernán Cortés llega a lo que hoy se conoce como Bahía de La Paz.
1539. Francisco de Ulloa desembarca en el río Colorado.
1587. Thomas Cavendish, corsario inglés, captura la nao de China en lo que hoy es Cabo San Lucas.
1602-1603. Sebastián Vizcaíno realiza varias expediciones y elabora un mapa de la costa de las Californias.
1696. Promovido por Francisco Eusebio Kino y Juan María de Salvatierra, se establece el Fondo Piadoso de las Californias.
1697. Salvatierra funda la misión y presidio de Loreto, primer asentamiento permanente de un total de 17 misiones jesuitas.
1734. Estalla una rebelión pericú que provoca la muerte de los misioneros Carranco y Tamaral.
1767. Gaspar Portolá desembarca en San José del Cabo. Comienza el proceso de expulsión de los jesuitas.
1768. El visitador general José de Gálvez envía dos expediciones para colonizar el norte de la península. El territorio es dividido en la Antigua, o Baja California, y en la Nueva, o Alta California.
1768-1810. Primer periodo de gobierno civil. Se establece un nuevo sistema económico y político basado en el desarrollo minero.
1769. Fray Junípero Serra funda la misión de San Fernando Velicatá, la única franciscana en Baja California.
1774. Fray Vicente Mora funda Nuestra Señora del Rosario de Viñadacó, primer establecimiento dominico en Baja California.

Siglo XIX
1824.
Establecimiento de la Alta y la Baja California como territorios federales.
1837. La Paz se convierte en capital de Baja California.
1846-1848. Los norteamericanos invaden la península.
1850. Primera legislación de Baja California.
1853. William Walker invade la península.
1883. Primera excavación en la península por Herman Ten Kate.

Siglo XX
1920.
Malcom Rogers inicia trabajos de prospección arqueológica en el norte de Baja California.
1947. William Massey inicia sus investigaciones en la península.
1952. El Territorio Norte de la Baja California se convierte en el Estado de Baja California.
1974. El Territorio de Baja California Sur se convierte en el Estado de Baja California Sur.
1993. Las pinturas del estilo Gran Mural de la Sierra de San Francisco son declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

(Texto de Fermín Reygadas Dahl, publicado en el núm. 62 de Arqueología Mexicana)

Recorrido Mexicali-Tijuana
Mexicali
La capital del estado es una de las ciudades más jóvenes de la República Mexicana. Su economía gira alrededor de la agricultura, la industria y el comercio con Estados Unidos. En 1902 se hizo la primera traza y para 1915 pasó a ser cabecera del entonces Distrito Norte. Entre las instituciones culturales que se encuentran en Mexicali destacan el Museo Universitario –que cuenta con salas sobre etnografía, historia y ecosistemas de la región–, el Instituto de Cultura de Baja California, la Casa de la Cultura y la Escuela Estatal de Bellas Artes, importantes en la difusión del arte fronterizo. La Universidad Autónoma de Baja California es relevante porque ofrece, en sus diferentes instalaciones, estudios de educación superior y por su labor de difusión cultural.

A 51 km de Mexicali, en la población de El Mayor, se localiza el Museo Comunitario Cucapá Juan García Aldama, el primero que se ocupó de las etnias que habitaron la región. El tema principal que se aborda en el museo es el desarrollo de la cultura cucapá, la cual se estableció en el delta del río Colorado. Se exhiben fotografías, instrumentos de uso cotidiano, herramientas, vestimentas, así como réplicas de casas tradicionales, hechas con troncos y ramas de sauce. Otro museo comunitario que debe visitarse es el llamado El Asalto a las Tierras, el más antiguo de la entidad, fundado en 1988. Localizado en Michoacán de Ocampo, en el Valle de Mexicali, el tema principal del que se ocupa es el movimiento agrario de 1937.

La Rumorosa-El Vallecito
Los enormes bloques graníticos de La Rumorosa, conformados por movimientos geológicos ocurridos hace millones de años, se encuentran en el kilómetro 71 de la carretera Mexicali-Tecate. El lugar debe su nombre al ulular que produce el viento al pasar por sus escarpadas rocas. A tres kilómetros de ahí se localiza la zona arqueológica de El Vallecito. Esta zona fue habitada por los kumiai, quienes dejaron huella de su presencia en las pinturas rupestres plasmadas en las formaciones rocosas, con formas geométricas, antropomorfas y de animales, entre otras. Se han localizado más de 18 conjuntos, entre los cuales destacan La Cueva del Indio, El Tiburón, El Hombre Enraizado, Los Solecitos o Wittinñur y El Solsticio o El Diablito. En este último se encuentra la figura más representativa, un “diablito” que, en la mañana del solsticio de invierno, recibe un rayo de Sol justo en los ojos, por lo que funciona como marcador calendárico.

Tecate
A 137 km de Mexicali se encuentra la ciudad de Tecate, famosa por su industria cervecera y por estar situada al pie de la majestuosa Sierra de Juárez. A unos cuantos kilómetros hacia el sur está el Valle de Guadalupe, famoso por sus uvas y sus vinos. Aquí se localiza la población de Francisco Zarco, que cuenta con un museo comunitario en el que se exponen utensilios de los kumiai –primeros habitantes del valle– y recuerdos de la migración rusa ocurrida a principios del siglo pasado. En agosto se llevan a cabo en el valle las fiestas de la vendimia, las cuales duran diez días y son muy apreciadas en la región.

Tijuana
Esta ciudad, fundada oficialmente en 1889, se localiza a 51 kilómetros de Tecate. A principios del siglo XX adquirió fama como centro de entretenimiento; se distingue por su afluencia turística, su industria y su gastronomía. Sin embargo, también hay importantes espacios culturales, no sólo para el estado sino para toda la zona fronteriza. Entre éstos se encuentra el Centro Cultural Tijuana (cecut), el principal del noroeste del país. Fue inaugurado en octubre de 1982 y el diseño corrió a cargo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. Aquí se presentan exposiciones nacionales e internacionales y se ha convertido en un punto de reunión de la cultura fronteriza en sus diferentes manifestaciones. Dentro del CECUT se encuentran el Museo de las Identidades Mexicanas, el Museo de las Californias y el Jardín Caracol. La Casa de la Cultura de Tijuana fue fundada en 1977 con la intención de ofrecer un espacio para las actividades artísticas. Además, Tijuana cuenta con cuatro universidades y con centros de investigación superior entre los que destaca el Colegio de la Frontera Norte, en donde se llevan a cabo estudios referentes a la problemática de la zona.

Rosarito
Esta población, localizada 25 km al sur de Tijuana, por la carretera Transpeninsular, tiene gran afluencia turística y excelente gastronomía. Aquí se encuentra la misión de San Miguel Arcángel de la Frontera, la cual fue fundada por los dominicos en 1787 y abandonada en 1834. El museo comunitario Wa-Kuatay tiene como tema la historia del grupo étnico kumiai y de la población de Rosarito.

Información práctica

Cuándo ir
Se recomienda viajar entre los meses de noviembre y abril para evitar el fuerte calor que azota a la región el resto del año. Para llegar a algunas zonas con pinturas rupestres es necesario hacer el camino a pie y con un guía, al igual que en el caso de algunas misiones, a las que es necesario llegar por caminos de terrracería.

Dónde alojarse
En la península se recomienda la cadena de hoteles La Pinta, que tiene instalaciones en Ensenada, San Quintín, Cataviñá y Guerrero Negro. En Mexicali y Tijuana se pueden encontrar variadas posibilidades de alojamiento.

Transporte
Baja California cuenta con cuatro aeropuertos y la mayoría de las líneas aéreas nacionales tienen vuelos directos. De la ciudad de México salen autobuses cuyos recorridos duran alrededor de 39 horas a cualquiera de las ciudades más importantes del estado. En automóvil se utiliza la carretera Transpeninsular, que cruza toda la península. El transbordador, que comunica al estado con Jalisco y Sinaloa, es una buena alternativa.

Gastronomía
Destacan los platillos hechos a base de mariscos, en especial: langosta fresca servida con frijoles, arroz y tortillas; abulón (en los alrededores de Ensenada); macarelas de las aguas cercanas a Tijuana; y mejillones (cocinados de distintas maneras en toda la región). En las principales ciudades se puede disfrutar una amplia gama de comida internacional, como el pato al ajo o los sopes de chorizo y pescado. Los vinos que se producen en la región destacan a nivel internacional.


Recorrido Ensenada-Cataviñá
Ensenada
Después de Mexicali y Tijuana, Ensenada es la ciudad más importante del estado y uno de los puertos destacados en la cuenca del Pacífico. Localizada entre el océano y las montañas, es un centro turístico de relevancia en Baja California y, por su ubicación e infraestructura, ocupa un lugar preponderante en la economía. Entre las instituciones culturales y académicas está la Escuela de Ciencias Marinas, primera de carácter oceanográfico en México. Hay edificios de gran valor histórico como la Antigua Aduana Marítima y el Museo Histórico Regional, el cual alberga la exposición “Pueblos y culturas del México antiguo”, a cargo del INAH.

Santo Tomás de Aquino
A 46 km al sur de Ensenada, por la carretera Transpeninsular, se encuentran los restos de la misión de Santo Tomás de Aquino –entre ellos los muros de adobe del templo y la casa cural–, que se desarrolló gracias al comercio con pieles de nutria. Fundada en 1791 por misioneros dominicos, fue una de las últimas en ser abandonada, en 1849.

San Vicente Ferrer
Siguiendo por la misma carretera, a 38 km de Santo Tomás, se localiza la misión de San Vicente Ferrer, la tercera fundada por frailes dominicos, en 1780. En su momento de auge funcionó como centro de operaciones militares, pues, además de estar situada en la frontera, contaba con un pequeño fuerte. Al poco tiempo fue abandonada y en la actualidad sólo se conservan los restos de algunos muros.

Parque Nacional San Pedro Mártir
En el km 135 se encuentra la desviación hacia el Parque Nacional San Pedro Mártir. A pesar de los 90 km de terracería que deben recorrerse para llegar a él, vale la pena visitarlo por la riqueza de su flora y fauna y por su importancia ecológica. Aquí se encuentra el Observatorio Astronómico Nacional, que depende de la UNAM.

San Telmo
Se localiza a pocos kilómetros sobre la desviación al Parque Nacional San Pedro Mártir. La misión de San Telmo fue construida por los dominicos en 1789 para auxiliar a la misión de Santo Domingo. Hoy en día se ven los restos de lo que fue la capilla y algunos muros de adobe.

Santo Domingo de Guzmán
Siguiendo por la carretera Transpeninsular, a 112 km de las ruinas de la misión de San Vicente Ferrer, se encuentra la población de San Quintín, que se destaca por su agricultura. A 7 km está la misión de Santo Domingo de Guzmán (también conocida como Santo Domingo de la Frontera), fundada en 1775 por los dominicos y abandonada en 1839. De todas las misiones de la península es de las mejor conservadas, pues se ve gran parte de sus muros de adobe.

Rosario Viñadacó
La misión de Nuestra Señora del Rosario Viñadacó de Arriba se encuentra 53 km al sur de la población de San Quintín. Los dominicos la fundaron en 1774 y en 1810 fue abandonada. Cerca de aquí se localiza el museo comunitario del Rosario, en una casa construida en 1928, en el que se exhiben herramientas de trabajo y fósiles del Cretácico y el Jurásico.

San Fernando Velicatá
A 67 km de Rosario Viñadacó se encuentran los vestigios de lo que fue la misión de San Fernando Velicatá. Fue la única construida por misioneros franciscanos, en 1769, entre los que se encontraba fray Junípero Serra.

Parque Nacional del Desierto Central-Cataviñá
Después de la población del Rosario, la carretera Transpeninsular deja la costa y se introduce hacia el centro de la península. Aquí se encuentra la amplia zona del Parque Nacional del Desierto Central, un excelente lugar para el ecoturismo y para apreciar su singular flora y fauna. En la parte más rocosa del parque se encuentra la población de Cataviñá, poseedora de impresionantes paisajes desérticos. En los alrededores, a 15 kilómetros de la población de Santa Inés, se encuentran los restos de la misión de Santa María de los Ángeles. Establecida en 1767 y abandonada en 1812, fue la última de las misiones fundadas por los jesuitas en estas tierras.

San Francisco de Borja Adac
Siguiendo hacia el sur por la carretera Transpeninsular, entre la población de Punta Prieta y Guerrero Negro, se encuentra el camino (40 km de terracería) que lleva a la misión de San Francisco de Borja Adac. Su construcción fue comenzada por los jesuitas, en 1759, y fue terminada por los dominicos; en 1818 cayó en el abandono. El edificio constaba de tres construcciones, de las cuales quedan ruinas de la primera; la tercera parte es la mejor conservada.

Santa Gertrudis
Esta misión se encuentra casi en el límite con Baja California Sur por lo que se recomienda llegar a ella por la carretera pavimentada que parte de la carretera Transpeninsular hacia la localidad del Arco, y desde aquí seguir por una brecha de 50 km a la misión. La misión de Santa Gertrudis también fue fundada por los jesuitas, en 1751, y terminada por los dominicos. Es uno de los edificios mejor conservados: se pueden ver la espadaña, el aljibe y los canales de riego.

Recorrido Mexicali-Bahía de los Ángeles

Valle Agrícola
Partiendo de Mexicali hacia el sur, por la carretera número 5 y bordeando el Golfo de California o Mar de Cortés, se llega a Bahía de los Ángeles. El primer punto que vale la pena visitar es el Valle Agrícola, en donde, aprovechando el delta del río Colorado, se cultivan cerca de 200 000 hectáreas, lo cual la convierte en una de las regiones agrícolas más importantes del país.

San Felipe
A 209 km de Mexicali está el puerto de San Felipe. Este lugar, considerado la puerta de entrada al Golfo de California, es uno de los destinos turísticos más importantes del estado, debido a su infraestructura y los servicios que ofrece. A su alrededor se despliegan bellas playas que ofrecen aguas ideales para la pesca deportiva y algunas de las vistas más espléndidas del norte de la entidad.

Valle de los Gigantes
Al sur de San Felipe se encuentra el Valle de los Gigantes, que lleva este nombre por las especies vegetales que habitan ahí: los sahuaros o cardones, que pueden llegar a medir hasta quince metros.

Bahía de San Luis Gonzaga
A 192 kilómetros al sur de San Felipe se encuentra la Bahía de San Luis Gonzaga, ideal para los amantes de los deportes acuáticos. Cerca de aquí se localiza la misión de Calamajué, fundada por los jesuitas en 1766 con la intención de utilizarla como visita; fue abandonada un año después de su fundación.

Bahía de los Ángeles
Siguiendo hacia el sur se llega a Bahía de los Ángeles, una de las playas más hermosas de la península, en la que periódicamente se pueden ver ballenas, que vienen a estas costas a reproducirse, y otras especies marinas; las islas cercanas ofrecen también diferentes opciones.

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Ernesto Miranda Trigueros. Estudia letras hispánicas en la FFYL de la UNAM. Asistente de iconografía de esta revista.
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