arqueología mexicana
los huastecos


El Adolescente, Tamohi San Luis Potosí. MNA

ÍNDICE 79 Erotismo y sexualidad entre los huastecos
Los huastecos ARTÏCULO GENERAL: Mesoamérica: una civilización originaria

La Huasteca: historia y cultura

REGIONES MESOAMERICANAS: La arqueología de El Salvador
Tamohi, San Luis Potosí DOCUMENTO: Códice Laud
La escultura huaxteca CONCURSO DE CUENTO HISTÓRICO: Periplos
Trabajos huastecos en concha GUÍA DE VIAJEROS: La región huasteca




guía de viajeros

La región Huasteca
Felipe Solís Olguín


El Monumento 51 de Castillo de Teayo en una fotografía tomada por el arqueólogo José García
Payón en Tzapotitlán, Veracruz, en 1944. R
eprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces

HISTORIA
Si bien por décadas el mayor atractivo de la cultura huasteca han sido sus extraordinarias esculturas, como la conocida como la Apoteosis y la del Adolescente Huasteco, sólo en tiempos recientes se han intensificado las investigaciones científicas que permiten conocer mejor su historia y sus características sociopolíticas, lo cual se complementa con la cerámica y la arquitectura, de los que ya se tenían noticias.
Los huastecos se establecieron en el norte de la Costa del Golfo hacia 1500 a.C. y su lengua está emparentada con la gran familia mayense, que ocupa la península de Yucatán y otras regiones del sureste mesoamericano. Se ha planteado que su separación territorial es producto de intromisiones de grupos nahuas y totonacas que se asentaron posteriormente en el centro de Veracruz.
El vasto territorio huasteco abarca al sur desde el río Cazones, en Veracruz, hasta el río Soto la Marina, en Tamaulipas, por el norte; la costa del Golfo es su límite al este y por el poniente zonas de San Luis Potosí, Querétaro e Hidalgo. El territorio posee una gran variedad ecológica: costas, planicies, llanuras y estribaciones montañosas. Sin duda, los huastecos prefirieron los climas cálidos, a veces extremos, ya que sus asentamientos nunca rebasaron los 1 000 msnm.
La base económica fundamental de los huastecos fue la agricultura, principalmente el cultivo de maíz. Entre los pueblos mesoamericanos, los huastecos se distinguen por la práctica de la deformación craneana tabular, por diversos tipos de mutilación dental, por la perforación del septum y los lóbulos para utilizar ornamentos de concha y hueso, principalmente, y por la pintura corporal y la escarificación. Otro de sus elementos distintivos era la desnudez total o parcial.
Aunque los nahuas enfatizaron la tendencia huasteca hacia la desnudez, las narraciones del siglo XVI los muestran como un pueblo que gustaba de ataviarse ricamente, con elegante joyería. Los mexicas consideraban a los huastecos como parientes lejanos y los desdeñaban por su costumbre de andar desnudos, aunque en algunas celebraciones incorporaban influencias huastecas.
Aunque los huastecos nunca consolidaron una unidad política mayor, se encontraban organizados en ciudades-Estado, y su lengua y tradiciones culturales les dieron una gran cohesión, que sobrevivió no sólo a las intromisiones nahuas y españolas, pues incluso hoy en día puede reconocerse como una de las culturas indígenas tradicionales de México.

TAMOHÍ, SAN LUIS POTOSÍ
Aunque por mucho tiempo se le llamó Tamuín o El Consuelo, en la actualidad se considera que el nombre más correcto del sitio –con ocupación principalmente entre 1100-1300 d.C.– es Tamohi, que en lengua huasteca significa “lugar donde hace remolino el agua”. El sitio se localiza aproximadamente a 6 km de la cabecera municipal de Tamuín, dentro del rancho El Consuelo, de ahí la confusión de los primeros exploradores en cuanto al nombre del lugar. Sabemos que originalmente la ciudad indígena comprendió alrededor de 1 609 ha, que incluían un centro ceremonial, una amplia zona habitacional y un espacio dedicado al cultivo.
La única área abierta al público es el centro ceremonial situado sobre una enorme plataforma semirrectangular de 126 m de largo por 80 de ancho, a la que se llega por dos escalinatas con alfardas que miran al este, la mayor de las cuales tiene 12 m de largo. Al llegar a esta elevación el público está en la plaza, en cuya parte central se encuentra el vistoso altar de forma peculiar que se cree fue dedicado al culto de Quetzalcóatl. Se trata de una plataforma cuadrangular, con una planta de 6 m por lado y 1.5 m de altura, integrada por un talud inclinado que en sus lados norte, sur y oeste posee muros escalonados y almenados de 75 cm de altura, y con una escalinata de seis escalones. De este elemento surge una angosta banqueta que remata en un altar de forma cónica truncada, y a continuación se halla otra banqueta que culmina en otro altar de mayor altura y de muy peculiar forma, con dos conos invertidos, que recuerda a los braseros y a otros elementos del Centro de México en la época mexica.

 

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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• Felipe Solís Olguín. Arqueólogo. Director del Museo Nacional de Antropología, INAH.






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