arqueología mexicana
La producción artesanal

ÍNDICE 80  
DOSIER: La producción artesanal en Mesoamérica El culto al dios Murciélago en Mesoamérica

La producción artesanal en Mesoamérica

Los murciélagos en México
La producción artesanal en Oaxaca Las cuevas mortuorias de Coahuila
Arqueología experimental.
Producción de objetos de concha en el Templo Mayor
La Tira de la Peregrinación.
La ascendencia chichimeca de los mexicas
La obsidiana en Mesoamérica DOCUMENTO: Códice Techialoyan, García Granados
Los abrasivos en Mesoamérica GUÍA DE VIAJEROS: Sur de Quintana Roo
PIEZA: El pectoral de concha huasteco del Templo Mayor CONCURSO DE CUENTO HISTÓRICO: Crónicas de tres familias

guía de viajeros

Sur de Quintana Roo
Adriana Velázquez Morlet


Laguna de Bacalar.
Foto: Sergio Autrey / Raíces

HISTORIA
La región que hoy se identifica como sur de Quintana Roo corresponde a una enorme extensión territorial de cerca de 20 000 km2, cubierta principalmente por zonas de selva mediana donde hasta hace algunas décadas abundaban árboles como el zapote, el ramón, el siricote, el cedro y la caoba, entre otros. En su extremo oriental, donde se encuentra la hermosa laguna de Bacalar, así como otras lagunas más pequeñas no menos bellas, hay importantes extensiones de humedales, manglares y dunas costeras.
Al igual que el resto de la zona maya, el sur de Quintana Roo tiene una muy larga secuencia de ocupación prehispánica, que probablemente comenzó hacia 300 a.C., cuando aparecieron aldeas y poblados que muy pronto se convirtieron en importantes centros de población, pues para 200 o 100 a.C. se desarrollaban en esta zona enormes proyectos constructivos que indican una compleja jerarquía política y una marcada estratificación social.
Para 200 d.C., las comunidades del sur de Quintana Roo tenían un papel decisivo en el paisaje sociopolítico del mundo maya y, en particular, de la región del Petén. Ciudades como Dzibanché, Kohunlich, Ichkabal, Chakanbakán y Chacchoben, desarrollan impresionantes proyectos arquitectónicos, entre ellos complejos tipo acrópolis y grandes basamentos ornamentados con mascarones, que evidencian el origen divino y el poder político de sus gobernantes. En esos tiempos, estas ciudades se relacionan muy estrechamente con otras grandes capitales de la región, en particular, con las que formaban parte del reino de la Cabeza de Serpiente, encabezado por Calakmul.
Hacia el siglo VII, Calakmul es derrotado por Tikal y con ello parecen presentarse una serie de profundos cambios en la estructura política del sur de Quintana Roo y Campeche. A partir de ese siglo se producen nuevos estilos arquitectónicos, nuevos estilos en la producción de cerámica y, por supuesto, nuevas formas de expresión del poder divino.
Entre los siglos VII y IX se producen variantes de ese estilo local, que resultan en una importante cantidad de estructuras y subestructuras que cubren prácticamente todo el paisaje del sur de Quintana Roo. De acuerdo con las investigaciones, al parecer éste fue el periodo de mayor crecimiento poblacional en el área; a lo largo de todas las superficies no inundables de la región se encuentra dispersa una enorme cantidad de estructuras residenciales.
Posteriormente, la actividad constructiva decreció, al parecer como resultado de importantes movimientos poblacionales relacionados con la fragmentación de los sistemas políticos de esos tiempos. Es indudable que la mayor parte de las grandes ciudades del sur de Quintana Roo estuvo habitada hasta el momento de la conquista española. Sin embargo, se trata de ocupaciones de carácter rural en los espacios que anteriormente habían sido grandes plazas, templos y palacios, los que se convirtieron en pequeñas aldeas en que se reutilizaron materiales constructivos del pasado.
Las evidencias arqueológicas documentadas hasta hoy permiten proponer que la mayor parte de la población de estas grandes ciudades se reubicó en las regiones costeras, donde adoptaron un nuevo modo de vida, basado principalmente en la explotación de los recursos marinos y la sal. Se sabe que durante la campaña de conquista y colonización de la península de Yucatán, en 1532, Alonso Dávila cruzó el sur de Quintana Roo en busca de Gonzalo Guerrero, y en ese viaje se encontró con grandes comunidades costeras, como Bacalar, Chaktemal o Chequitaquil, las cuales fueron abandonadas conforme avanzó el dominio colonial.
Para el siglo XVII, el sur de Quintana Roo era una región prácticamente deshabitada e inhóspita, visitada únicamente por piratas y comerciantes ingleses que aprovecharon los ricos recursos madereros de la región, en especial el palo de tinte, pero que no se interesaron por conservar en la memoria la ubicación de las viejas ciudades mayas, que finalmente fueron devoradas por la selva.
Después de la Independencia de México, Mérida y Campeche eran las únicas ciudades de importancia demográfica, económica y política; en Mérida se concentraba el poder de los grandes hacendados, en tanto que en Campeche el de la emergente clase comerciante, pero para ninguno de los dos grupos era relevante el actual Quintana Roo. Hacia 1840, el sur de Quintana Roo pertenecía a los departamentos de Tekax y Valladolid, y Bacalar era su única población próspera e importante. El resto de la región permaneció como una tierra ignota, ocupada principalmente por huites o mayas serranos, considerados casi salvajes.
Pocos años después, en 1847, la tensa relación entre los campesinos mayas y los hacendados yucatecos derivó en el sangriento y largo conflicto conocido como Guerra de Castas. Aunque esta rebelión indígena comenzó en los límites de los actuales Yucatán y Quintana Roo, con el desarrollo del conflicto los mayas rebeldes se vieron obligados a huir hacia las regiones selváticas del sur de Quintana Roo, donde durante por un largo periodo se mantuvieron en rebeldía. Aunque inicialmente los insurrectos respetaron Bacalar, posteriormente fue sitiada, lo que originó que sus habitantes huyeran a Belice y que los mayas se apoderaran del poblado, donde establecieron una interesante relación comercial con los ingleses, quienes apoyaron la rebelión a cambio de que se les otorgaran permisos para explotar la madera de la zona.
Años más tarde Bacalar fue recuperado por las tropas mexicanas, y a partir de entonces hubo muchos enfrentamientos entre las partes en conflicto, hasta que en 1858 los mayas rebeldes atacaron la población y mataron a la mayor parte de sus habitantes. Después de este sangriento suceso, Bacalar quedó abandonado y funcionó sólo como cuartel de los rebeldes hasta el fin de la guerra.

 

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•Adriana Velázquez Morlet. Arqueóloga. Directora del Centro INAH Quintana Roo.






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