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los mayas de tabasco
Vol. XI, número 61, pp.
12-17
Tabasco.
Una visión general
Roberto García Moll

El elemento predominante en Tabasco
es el agua ríos, pantanos y lagunas,
ya que ésta ocupa el 60 por ciento del territorio.
foto: michael calderwood
En Tabasco se han localizado cerca
de 800 sitios
arqueológicos, los cuales abarcan temporalidades
que van
desde el Preclásico hasta el contacto con los
españoles.
Más agua que tierra. Aguaje
/ para prolongar la sed. / La tierra vive a merced
/ del agua que suba o baje (Carlos Pellicer,
Cuatro cantos a mi tierra)
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Tabasco, en el sureste
de México, ha sido durante más de
3 000 años de historia testigo del desarrollo
de múltiples culturas, como la olmeca, la
maya, la náhuatl y, finalmente, la española,
con un variado escenario geográfico en el
que predomina como elemento sustantivo el agua,
la cual se distribuye entre la costa, los ríos,
los pantanos y las lagunas a todo lo largo y ancho,
ocupando cerca de un 60% del territorio.
Paisaje geográfico
Desde el punto de vista geológico, el territorio
tabasqueño se encuentra dividido en tres
provincias fisiográficas:
1) los plegamientos y colinas del Terciario, de
roca caliza, los cuales se localizan al sur del
estado y forman parte de la Sierra Madre del Sur
de Chiapas y del límite político con
este estado; 2) las terrazas del Pleistoceno, de
origen aluvial, que se sitúan principalmente
al sureste y están ligadas al río
Usumacinta; y 3) el extenso terreno de origen aluvial
de distintas épocas que constituye la gran
planicie costera cuyo límite norte es el
Golfo de México.
Los escurrimientos tanto de la sierra de Chiapas
como de parte de Guatemala se concentran en los
grandes ríos a través de numerosos
afluentes y arroyos, los cuales aportan sus sedimentos
a la amplia planicie costera que avanza lentamente
hacia el mar. En la región de Tabasco se
encuentran dos de los mayores ríos mexicanos:
el Usumacinta y el Grijalva, que desembocan en el
Golfo de México; otros ríos son el
de La Venta, el San Pedro y el Palizada.
Las numerosas corrientes de agua hacen del centro
y norte del estado una de las regiones más
húmedas de la República. La incorporación
al desarrollo nacional de esta zona ocurre a partir
de los años sesenta del siglo xx, con la
construcción de obras de infraestructura
y de saneamiento que han permitido a sus habitantes
vivir en condiciones menos precarias, ya que la
escasa altitud sobre el nivel del mar, la gran abundancia
de agua en la superficie y el clima cálido
húmedo dieron como resultado una alta densidad
de flora y fauna. En las regiones altas predomina
la selva alta perennifolia, mientras que en la zona
de bajos y pantanos lo hacen los manglares, con
una vegetación distinta pero igualmente densa
y abundante. La fauna puede dividirse en terrestre
y acuática. Entre la terrestre, al igual
que en las regiones aledañas de Veracruz,
Chiapas y Campeche, el jaguar y el ocelote son los
carnívoros de mayor tamaño, seguidos
por otras especies como venado, armadillo, puerco
de monte, tepezcuintle, así como sarahuatos
y monos araña, culebras de diferentes clases
y un gran número de aves e insectos. A orillas
de los depósitos de agua hay abundantes tortugas
y varias especies de lagartos, y en los esteros
se encuentra el manatí. Entre la fauna acuática,
igualmente variada, destacan pejelagartos, robalos,
macabiles, sardinas, langostinos o piguas, así
como ricos y extensos bancos de ostiones en amplios
esteros.
Arqueología
Tabasco tiene una posición privilegiada.
En la época prehispánica fue un área
fundamental para el tránsito entre diferentes
culturas desde épocas tempranas, que bien
pudieran remontarse a por lo menos 12000 a.C., aunque
hoy carecemos de información sobre esto.
Tanto de las primeras épocas como de algunas
culturas la información resulta aún
fragmentaria y escasa, aunque, a pesar de ello,
lo que sabemos nos revela no sólo la complejidad
de esas culturas, sino también su originalidad
y gran capacidad de adaptación al medio ambiente.
La primera gran civilización que dominó
buena parte del sur y sureste de México fue
la llamada cultura
olmeca, cuya área nuclear se extendió
al sur de Veracruz y Tabasco. Entre las muchas características
de esta cultura se encuentra la escultura en piedra
de proporciones monumentales. El primero en describirla
fue José Melgar, quien en 1871 reportó
el descubrimiento, realizado en 1862, de una cabeza
colosal de Hueyapan, Veracruz. A esto se sumaron
otros notables descubrimientos, que mostraban semejanzas
estilísticas, como el de la Estatuilla de
los Tuxtlas, la cual contiene inscripciones que
la fechan en 162 a.C. Hermann Beyer, en 1927, fue
el primero en señalar esa afinidad y dar
a esta nueva manifestación cultural el nombre
de olmeca, en alusión a los habitantes
de la tierra del hule. Este autor fue secundado
por otros especialistas, por lo que con ese nombre
se designa hoy a esta importante y temprana manifestación
cultural.
Tanto los sitios arqueológicos
como las esculturas,
monumentales o de pequeñas proporciones,
son abundantes y se extienden a lo largo del tiempo
y del espacio. Uno de los sitios que más
abundantes y mejores ejemplos ha brindado es La
Venta, situado en el occidente del estado. Su cronología
se remonta a 3000 a.C. y su momento de apogeo arquitectónico
entre 800 y 400 a.C. Además, hay en Tabasco
numerosos sitios arqueológicos de menores
proporciones en los que se han localizado materiales
olmecas.
Otra de las grandes manifestaciones del México
antiguo en territorio tabasqueño es la de
la cultura
maya del Clásico (250-900 d.C.), aunque
se desconoce su extensión, pues se han encontrado
rasgos mayas en sitios ubicados tan al occidente
como Comalcalco, localizado sobre la gran planicie
costera. Si bien uno de los elementos característicos
del Clásico era el uso de la piedra en las
edificaciones, Comalcalco está construido
a base de tierra o bien de ladrillos cocidos, con
amplios recubrimientos de aplanados elaborados con
cal procedente de la incineración de conchas
de ostión. En la parte sur de Tabasco, que
colinda con el estado de Chiapas, también
se han localizado sitios monumentales de la cultura
maya, entre ellos Tortuguero, del cual, aunque hoy
casi ha desaparecido, se conservan varios monumentos
con inscripciones; Pomoná, situado al
sur este del estado, que presenta todos los elementos
característicos del momento de apogeo; y
el sitio llamado Reforma-Morales.
Asimismo, hay otros sitios aún por explorar,
como El Arenal, Reforma, Panhalé y El Tiradero.
Comalcalco, Tortuguero y Pomoná mantuvieron
en muchos momentos una estrecha relación
con Palenque, lo cual se refleja tanto en el estilo
arquitectónico como en las inscripciones
y la
cerámica; los otros sitios, situados
más al oriente, tenían nexos importantes
con las regiones del Petén y de Campeche.
A partir del estudio de la cultura olmeca y la posterior
cultura maya en el sur de Tabasco, se han reconocido
gracias a restos materiales como la cerámica,
las figurillas, la escultura y la arquitectura
otras culturas diferentes en sus elementos esenciales
pero con una cronología similar. A éstas,
aunque no pueden ser formalmente adscritas a ninguna
de ellas, se les ha llamado pre-chontales
o chontales, sin definir realmente qué
significan estos términos, pues éste
es el grupo indígena de lengua maya que habita
hoy el estado, lo cual revela la falta de investigaciones
sobre el extenso territorio tabasqueño.
En Tabasco se han detectado poco más de 800
sitios arqueológicos, los cuales abarcan
temporalidades que van desde el Preclásico
(2000 a.C.) hasta el momento del contacto con los
españoles (1518). Se sabe que ahí
habitaron olmecas (Preclásico), mayas (Clásico)
y, hacia la costa del Golfo, grupos hablantes de
chontal y náhuatl. En esta zona destaca el
mítico Xicalango, lugar en el que se establecieron
los itzaes, conquistadores y habitantes de Chichén
Itzá durante el Posclásico Temprano
y que durante el virreinato fue el grupo dominante
en los alrededores del lago Petén Itzá,
al norte de Guatemala.
La abundancia de sitios arqueológicos cercanos
a la costa del Golfo es en parte producto de la
presencia de población local, durante el
Posclásico (900-1518 d.C.), así como
de grupos procedentes de otras regiones, como la
costa de Veracruz y el Altiplano Central. Estos
sitios son aún hoy objeto de estudio, con
lo cual podrá obtenerse un conocimiento más
veraz.
Conquista española y virreinato
El primer contacto con los españoles ocurrió
el 28 de mayo de 1518, cuando Juan de Grijalva entra
en un río de Tabasco, el cual tomará
el nombre del conquistador. Se trató de una
visita amistosa, en la que Grijalva intercambia
comida por diferentes mercaderías. Un año
después, en 1519, con la experiencia de Juan
de Grijalva, Hernán Cortés desembarca
en el mismo río y su encuentro con los chontales
termina en una batalla en los llanos de Centla,
donde los españoles vencen y fundan simbólicamente
la villa de Santa María de la Victoria. Es
aquí donde, antes de dirigirse hacia otras
tierras, se le obsequian a Cortés 20 mujeres,
entre ellas a Mallinali Tenepal o Malintzin, mujer
que por su manejo del náhuatl como lengua
materna, su aprendizaje del maya y posteriormente
del español fue su fiel acompañante
y traductora durante los primeros años de
la conquista. Después de ser bautizada, Malintzin
recibió el nombre de doña Marina,
y fue con la que el conquistador procreó
un hijo, Martín Cortés.
Finalmente, Cortés regresó a tierras
tabasqueñas en 1526, cuando se dirigía
a Las Hibueras, en Honduras, en busca de Cristóbal
de Olid. Según algunos autores, fue en Itzamkánac,
lugar situado a orillas del Usumacinta y cercano
a la actual ciudad de Tenosique, donde Cortés
mandó ahorcar al emperador mexica Cuauhtémoc
y a otros señores de Texcoco y Tlacopan.
La paz entre los españoles y los habitantes
del sureste se rompió al regreso de Cortés
de Las Hibueras, por lo que los conflictos, al no
aceptarse las leyes y normas emanadas del centro
del país, perduraron de una u otra manera
hasta principios del siglo XX.
Hacia 1526, con la finalidad de conquistar y evangelizar
a los cimatanes y a los chontales, Hernán
Cortés envió a Juan de Villavicencio
a fundar en un nuevo sitio la villa de Santa María
de la Victoria, con el mismo nombre de aquella fundada
simbólicamente en Potonchán. Sin embargo,
en la nueva villa se presentaron grandes escollos:
gran hostilidad de los nativos; duras inclemencias
del medio; y, además, en el lugar no había
oro ni plata que retribuyera los esfuerzos de los
conquistadores.
En 1527, Baltasar de Osorio fue nombrado capitán
y teniente justicia mayor de Tabasco, puesto que
ocupó durante un solo año, ya que
para 1528, en un nuevo intento por controlar la
región, se nombró para el cargo a
Baltasar de Gallegos. Para 1529, la Audiencia Real
de México designó a Francisco de Montejo
como adelantado y alcalde mayor de Tabasco, toda
vez que él ya se hacía cargo de Campeche
y Yucatán. Montejo otorgó a su hijo,
conocido como Francisco de Montejo el mozo,
el cargo de teniente gobernador, capitán
general y repartidor de indios de Tabasco, y entre
ambos restablecieron el orden hispano en la villa
de Santa María de la Victoria y sus alrededores.
Para Montejo, la abundancia de ríos y puertos
permitía que el territorio tuviera un excelente
desarrollo comercial, por lo cual nombra a Beatriz
de Herrera, mujer del adelantado, como principal
encomendera.Los Montejo gobernaron Tabasco durante
14 años, en los cuales los pueblos de indios
se repartieron y se dedicaron al cultivo de cacao.
En 1542, el virrey Antonio de Mendoza redujo de
manera notable el poder que la familia Montejo había
adquirido desde Tabasco hasta Yucatán, para
lo cual nombra a Alonso de Maldonado, quien fuera
gobernador de Guatemala a la muerte de Pedro de
Alvarado. A Maldonado lo sucede en el puesto Alfonso
López de Carreto, quien cesa a través
de Pedro Ramírez a Francisco de Montejo.
Entre 1548 y 1550, diferentes acontecimientos políticos
y económicos relacionados con los Montejo
obligaron al virrey Luis de Velasco y a la Real
Audiencia a nombrar alcalde mayor de Tabasco a Alonso
de Manrique, en 1550.
Durante el virreinato, el gobierno político
estuvo estrechamente relacionado con el poder religioso.
Primero los franciscanos, en 1537, y después
los dominicos hacia 1546 cuyo apostolado se
circunscribió a la sierra de los zoques
tuvieron a su cargo la gran tarea de evangelización
de las provincias del hoy estado de Tabasco. En
1541 se había designado al dominico fray
Bartolomé de las Casas al obispado que comprendía
Coatzacoalcos, Tehuantepec, la región del
río Grijalva o Tabasco, Champotón,
Yucatán, Cozumel y el distrito de Chiapas,
además del Soconusco y la Verapaz, que se
anexaron posteriormente.
Al mismo ritmo que los políticos, hubo conflictos
religiosos entre el clero regular y el secular.
Como resultado de esto, para 1575 sólo un
clérigo administraba los sacramentos en Santa
María de la Victoria y el norte del territorio
tabasqueño permaneció en el abandono,
pues era administrado desde el convento de Tecpatán,
en Chiapas, por frailes dominicos, hasta 1578. En
este año se acepta que el convento de Oxolotán,
en el sur del estado, se convierta en la casa de
la orden de los dominicos. Desde ahí se predicó
el evangelio, sorteando grandes dificultades, hasta
finales del siglo xviii, cuando el clero secular
se hace cargo de la administración pastoral
de la provincia.
En 1604 se solicita al virrey el traslado oficial
de la capital a Villahermosa, lo cual ocurre hasta
1641, cuando la capital recibe el nombre de San
Juan Villahermosa. Debido a los ataques de los piratas,
en 1671 las autoridades deciden establecer la capital
en Tlacotalpa, en donde permaneció hasta
finales del siglo xviii. Por ese entonces la provincia
de Tabasco tenía un precario desarrollo,
debido no sólo al abandono de las autoridades,
sino también a lo malsano del clima y a la
enorme distancia que separa a Tabasco de la ciudad
de México.
En 1786, a consecuencia de las modalidades que imponían
las reformas borbónicas, hubo numerosos cambios
administrativos en los territorios novohispanos.
Tabasco pasó a depender de la intendencia
de Mérida, con lo cual se complicó
aún más la situación política.
En 1795, el gobernador solicitó de nuevo
al virrey Revillagigedo el traslado de la capital
a Villahermosa.
A raíz de la Independencia en 1811, en las
Cortes de Cádiz se planteó liberar
a Tabasco de Yucatán, lo cual fue concedido
aunque esta situación duró muy poco,
pues Fernando VII abrogó lo previsto en la
nueva constitución de Cádiz.
Historia reciente
A partir del siglo xix, la historia del territorio
de Tabasco ha sido accidentada. Los habitantes se
quejan ante las diferentes autoridades de lo insalubre
del medio, por lo que el establecimiento de nuevas
poblaciones se ha visto frustrado una y otra vez,
ya sea por el clima, las inundaciones, los piratas,
o bien por el cambio continuo de las corrientes
fluviales, así como por la definición
de límites con los estados vecinos. Esto
será una historia común hasta bien
entrado el siglo xx, cuando el territorio empieza
a incorporase, poco a poco, al desarrollo nacional.
Sin duda, la creación de infraestructura
en comunicaciones ha provocado un vuelco en la región,
la cual aunque resuelve parte de los grandes problemas
ocasiona que se pierda de manera irreversible gran
parte de la flora y la fauna.
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Roberto García Moll. Arqueólogo. Investigador
de la Dirección de Estudios Arqueológicos,
INAH. |
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Los
mexicas ante el cosmos
Alfredo López Austin
La cosmovisión mexica
concebía que la realidad divina estaba traslapada
en el espacio de las criaturas, se creía en una
doble naturaleza del tiempo y del espacio.
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