Hacia el siglo III y hasta principios del VII, muchos
sitios del sur de Campeche y Quintana Roo tuvieron una
estrecha relación con otras entidades políticas
en la región del Petén. En Calakmul, Placeres,
Balamkú, Nadzca’an y Becán se han
encontrado testimonios de proyectos arquitectónicos
con voluminosos basamentos flanqueados por mascarones,
palacios rematados por frisos ornamentados y cámaras
funerarias con impresionantes ofrendas. Aun cuando los
datos epigráficos son escasos, estas ciudades
debieron formar parte de la confederación reconocida
por el emblema de la Cabeza de Serpiente.
La derrota de Calakmul en 695 d.C. trajo consigo cambios
drásticos en la organización sociopolítica
maya, que se expresaron en la producción de otras
tendencias estilísticas en la arquitectura, el
arte y la cerámica, así como en la proliferación
de nuevos asentamientos de menores dimensiones. El reconocimiento
de esos rasgos locales ha permitido caracterizar a los
sitios y definir pequeñas regiones bajo las denominaciones
de Río Bec, Chenes o Puuc. Las dos primeras predominan
en el sur y oriente de Campeche durante los siglos VII
a IX, cuando se produce el clímax poblacional
y arquitectónico.
Tras la caída y abandono de las ciudades mayas
ocurrieron movimientos migratorios del norte al sur
de la península de Yucatán, algo que se
ha detectado en los sitios explorados, donde se aprecia
la reocupación parcial de los espacios abiertos
y la adecuación de viviendas rústicas
al pie de las grandes estructuras. Sin embargo, esta
forma de vida semirrural no parece haber llegado hasta
el siglo XIII y las antiguas ciudades mayas fueron cubiertas
por la selva.
Algunas poblaciones se concentraron a lo largo de la
costa, sobre todo en Calkiní, Ah-kim-pech, Champotón,
Xicalango e Itzamkánac, puerto que controló
el comercio con el Altiplano Central hasta la llegada
de los conquistadores. Sólo algunos asentamientos
aislados, como Silvituc, permanecieron ocupados en el
interior.
La expedición comandada por Francisco Hernández
de Córdoba arribó a Ah-kim-pech el 22
de marzo de 1517 y dos décadas más tarde
se fundó la Villa de San Francisco de Campeche,
puerto desde donde comenzó la expansión
al interior de la península de Yucatán.
Durante la época colonial proliferó la
construcción de inmuebles religiosos en el norte
del estado y las comunidades indígenas dispersas
fueron congregadas en poblados como Tixchel, Champotón
o Hopelchén.
El intenso tráfico comercial y los conflictos
entre las potencias de Europa propició la piratería
en el mar Atlántico. Piratas, corsarios y filibusteros
atacaron, invadieron y saquearon la Villa de Campeche
de mediados del siglo XVI hasta principios del XVIII,
cuando concluyó la construcción del sistema
de fortificación que rodeó la ciudad.
En el México independiente del siglo XIX, Campeche
pasó a formar parte del territorio del estado
de Yucatán al promulgarse la Constitución
Federal de los Estados Unidos Mexicanos, pero en 1857
comenzó un movimiento separatista que promovió
la autonomía del antiguo distrito de Campeche
y culminó con la expedición de su primera
Constitución Política y el reconocimiento
oficial como estado seis años después.
Por ese tiempo, John L. Stephens y Frederick Catherwood
extendieron su recorrido al noreste de Campeche, donde
visitaron las grutas de X’tacumbilxunaan y reportaron
los asentamientos arqueológicos de Chunhuhub,
Santa Rosa Xtampak y Dzibilnocac. Décadas después,
Désiré Charnay recuperó figurillas
en Jaina y Teobert Maler documentó Hochob.
A principios del siglo XX, la actividad económica
en la zona sur despuntó con la extracción
de maderas preciosas y con la explotación del
palo del tinte y del árbol del chicle, y se fortaleció
con la construcción del ferrocarril del sureste.
A pesar de la escasez de agua superficial, por su amplitud
territorial y baja densidad poblacional, el sur campechano
fue receptor de un fenómeno migratorio de colonización
que continúa hoy día y afecta la conservación
del bosque tropical. Indígenas de diversas etnias
y campesinos de otros estados siguen emigrando a Campeche
en busca de tierra y oportunidades de empleo.
También en los albores del segundo milenio comienzan
las exploraciones arqueológicas en el sur del
estado. Maurice Perigny descubre varios edificios de
torres altas sobre plataformas bajas que después
caracterizarán el estilo arquitectónico
Río Bec, y Raymond Merwin visita, entre otros,
los asentamientos prehispánicos de Ceibárico,
Tortuga, Porvenir, Pueblo Viejo, Ramonal y Río
Bec. En los treinta, Cyrus Lundell llega a Calakmul
en busca de árboles de zapote para extraer látex
y el hallazgo motiva el interés de la Institución
Carnegie de Washington, la cual promueve cuatro expediciones
que conducen al descubrimiento de sitios relevantes
con inscripciones como La Muñeca, Oxpemul, Balakbal,
Uxul, Pasión de Cristo y Pechal. En la década
siguiente, arqueólogos mexicanos inician un proyecto
de excavación y restauración en Edzná.
Durante la segunda mitad del siglo XX, el desarrollo
socioeconómico de Campeche se relacionó
con la promoción de proyectos que buscaban el
aprovechamiento racional de sus recursos naturales y
culturales en el mar y en la selva. Entonces surge el
interés por realizar investigación arqueológica
a nivel regional y la Universidad de Tulane desarrolla
un programa de prospección, levantamiento de
mapas y excavación en la región Río
Bec. En los años ochenta, Román Piña
Chan dirigió la exploración de siete asentamientos
en la zona sur, y a partir de los noventa se efectúan
proyectos de intervención en todo el estado,
trabajo continuo que se expresa, además, en la
habilitación de áreas para la visita del
público.
Al comienzo del tercer milenio, la riqueza cultural
del estado fue reconocida con la inscripción
de dos sitios en la lista del patrimonio mundial de
la unesco.
Tomado de Luz Evelia Campaña,
“Guía de Viajeros. Campeche”,
en Arqueología Mexicana, núm.
75,
septiembre-octubre de 2005, pp. 78-79