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Chichén Itzá
YUCATÁN

ÍNDICE 27
Chichén Itzá, Yucatán (introducción) Recorridos por Chichén Itzá
Descubrimiento y exploración de Chichén Itzá Mapa de la zona arqueológica

Chichén Itzá, Yucatán


El Castillo. Foto: Guillermo Aldana / Raíces

En maya, Chichén Itzá significa “boca del pozo de los itzaes”, en referencia al Cenote Sagrado, gran pozo natural que los habitantes de la región consideraban una de las entradas principales al inframundo, sede de dioses tan importantes como los de la lluvia. Al mismo tiempo, el nombre del sitio alude a los poderosos itzaes, señores mítico-históricos de la ciudad durante su crecimiento y apogeo.
Chichén Itzá –sin duda uno de los sitios arqueológicos más importantes no sólo del mundo maya sino del México prehispánico– estaba formada por una red de grupos arquitectónicos comunicados por caminos, sacbés, de los que se han localizado alrededor de 75. Los grupos del área central estaban protegidos por murallas que funcionaban como impedimentos simbólicos para el acceso de otros grupos sociales. Fuera de esas murallas se construyeron alrededor de 20 conjuntos arquitectónicos medianos y otros modestos, con edificios menos representativos, y en la periferia se levantaron estructuras pequeñas, con base de piedra y techos perecederos, que albergaron a la población común.
El sitio fue la capital de una amplia región en el Clásico Terminal y el Posclásico Temprano, cuando alcanzó tal importancia que para la época de la conquista aún quedaba memoria de su existencia en crónicas y leyendas indígenas que relatan su fundación por los itzaes, pueblo venido del oeste. El primer apogeo de la ciudad ocurrió en el Clásico Terminal, cuando se erigieron edificios de estilo Puuc. Al final de este periodo, con el arribo de los itzaes –quienes tomaron la ciudad entre 967 y 987 d.C.–, se creó un nuevo estilo que mezclaba las tradiciones mayas con las aportaciones de los recién llegados. A partir de entonces se dio el segundo y mayor apogeo del sitio, que concluyó cuando –entre 1185 y 1204 d.C.– la ciudad fue conquistada por los príncipes de Mayapán. La ciudad fue abandonada paulatinamente, aunque en siglos posteriores la zona –en particular el Cenote Sagrado y el Castillo– aún era escenario de peregrinaciones y ceremonias.

La ciudad
El asentamiento de Chichén Itzá abarca alrededor de 15 km2. La mayor parte de las estructuras monumentales se localiza en tres grandes plazas. Entre los conjuntos más importantes de este núcleo se encuentran: 1) la amplia plaza que incluye el Complejo de Las Monjas , el Caracol, el Templo de los Tableros, el Akab Dzib y la Casa Colorada; 2) el Grupo del Osario y su plataforma amurallada, con los edificios del Osario, la Casa de los Metates, la Casa de las Columnas-Atlantes y una serie de complejas plataformas que comunica la plaza con un sacbé recién descubierto (el núm. 15), con el Templo de Xtoloc y con el cenote del mismo nombre; 3) la gran plataforma del norte, rodeada por una muralla, que alberga al Grupo de las Mil Columnas y la plaza del Castillo, comunicada a su vez con el Cenote Sagrado mediante el sacbé núm. 1.
A distancias que van de los 200 a los 700 m de estos grupos principales, hay otros conjuntos de arquitectura monumental, aunque de menores dimensiones, que incluyen vestigios de grupos habitacionales sencillos. Están comunicados entre sí y con el núcleo principal mediante una red de sacbés, de los cuales se han localizado cerca de 30 hasta ahora. Es probable que huertas y campos agrícolas también formaran parte del antiguo paisaje urbano.
La mayoría de las casas habitacionales eran construcciones de material perecedero, no muy distintas de las viviendas tradicionales mayas del Yucatán actual. En la arquitectura monumental se usaban sólidas subestructuras y gruesos muros de piedra. Las piedras utilizadas como relleno son irregulares y las de los revestimientos están cortadas con diferentes grados de exactitud, y además estaban cubiertas por una fina capa de estuco. En general, los techos seguían el principio de la bóveda maya o “arco falso”.

La cultura
Desde hace mucho tiempo se distinguen cuando menos dos estilos de arquitectura pública en Chichén Itzá. El primero es una variante local del estilo Puuc, desarrollado desde los siglos VII y VIII en el sur de Yucatán y norte de Campeche, y el segundo deriva en alguna medida de las mismas raíces, aunque ampliamente enriquecido por elementos, ideas y técnicas de la costa del Golfo, Oaxaca y, en particular, del Centro de México.
Las construcciones estilo Puuc de Chichén Itzá son en su mayoría edificios tipo “palacio”, con hileras de cuartos abovedados. Muchas veces se levantan sobre altas plataformas, con esquinas redondeadas y escaleras sin alfarda. La decoración se concentra en la fachada superior y en ocasiones se extiende hacia arriba, sobre altas cresterías. Los motivos principales son mascarones de Chaac, y diseños geométricos, como grecas, muchos de ellos derivados de elementos de la serpiente. Es frecuente ver dinteles monolíticos labrados con inscripciones jeroglíficas.
Sin embargo, la mayor parte de las estructuras que se conservan corresponde al segundo estilo. Hay pirámides escalonadas, con muros inclinados y paneles de diseño geométrico. Los edificios tienen cuartos amplios, con columnas o pilastras que soportan las techumbres y pórticos semiabiertos, que forman galerías cubiertas por enormes bóvedas que ofrecen amplios espacios techados. Construcciones características son las llamadas “galerías con patio”, plataformas con escaleras en los cuatro lados, estructuras redondas, baños de vapor y juegos de pelota con banqueta angosta. La decoración naturalista y simbólica en relieve policromo es común y hay evidencia de que gran parte de los edificios estaba decorada con pintura sobre estuco. Se ven serpientes emplumadas y jaguares, águilas, hombres-águila-serpiente-jaguar, cargadores del cielo, árboles llenos de animales, e hileras interminables de guerreros y dignatarios. En grandes murales se representan escenas narrativas, en las que predominan temas de la guerra y el sacrificio. La mayoría de los dinteles era de madera y sobreviven ejemplos labrados en relieve.
Además se encuentran esculturas: algunos Chac Mool semirreclinados en la entrada de los templos, atlantes que servían para sostener altares y techos, tronos de jaguar, portaestandartes y braseros, piedras de sacrificio, figuras humanas empotradas en las fachadas y grandes serpientes convertidas en alfardas, frisos y cornisas, e incluso en columnas que sostenían dinteles.
Aunque en la cerámica y otros instrumentos de uso doméstico predomina la tradición maya, en el ámbito militar y en los objetos y obras de arte relacionados con los aspectos religioso, sim-bólico y de alto prestigio se nota –al igual que en la arquitectura pública– una fuerte interdependencia con otras regiones de Mesoamérica, especialmente con Tula y el Centro de México. Además, sobre todo en las ofrendas del Cenote Sagrado, se ha encontrado gran cantidad de material que comprueba la participación de Chichén Itzá en una red de comunicaciones y relaciones comerciales que se extendía del norte de Colombia hasta el suroeste de Estados Unidos.
Aunque no existen estelas, Chichén Itzá es rica en inscripciones jeroglíficas. Por lo general, los glifos no era muy elaborados, lo que hace difícil su lectura. Su contenido tampoco corresponde mucho con los textos conocidos del área maya central, y faltan las complejas referencias genealógicas que tanta información han arrojado últimamente. Al mismo tiempo, en su mayoría en combinación con los “retratos” de determinados personajes, aparecen sencillos símbolos pictográficos al estilo de los códices del Centro de México.

El gobierno
Es probable que en el control político y militar hayan participado grupos de diferente origen, sobre todo si consideramos que la iconografía y la epigrafía indican que el liderazgo de Chichén Itzá no residía en una sola persona ni en un dirigente hereditario –como entre los mayas del Clásico–, sino en toda una serie de personajes identificados a menudo con diferentes serpientes o con imágenes del Sol.
Algunos de estos linajes bien pueden haber derivado, realmente o sólo como propaganda, del Centro de México. Algo semejante ocurrió posteriormente a la caída de Chichén Itzá en Mayapán, en el que mercenarios nahuas desempeñaron un importante papel político y fundaron linajes gobernantes. Diego de Landa, al confesar su desconcierto ante la contradicción de las fuentes ya en el siglo XVI, señala que es posible que tres hermanos establecieran el gobierno en Chichén Itzá, y que mucho tiempo después intervino Kukulcán, Serpiente Emplumada, para restaurar el orden. La imagen de la Serpiente Emplumada es casi omnipresente en Chichén Itzá.
Gracias a la epigrafía se descubrió a un gobernante llamado Kakupacal, el cual se puede relacionar con algunos de los edificios más importantes de la antigua ciudad. El esfuerzo por descifrar las inscripciones ofrece esperanzas de que finalmente será posible entender la fascinante historia de la impresionante ciudad de Chichén Itzá.

Chichén Itzá y los toltecas
Es claro que hay una correspondencia sorprendentemente exacta entre muchas facetas del estilo “maya tolteca” de Chichén Itzá y el de la ciudad de Tula, Hidalgo, capital de los toltecas. Ambas ciudades tienen un arte figurativo, un sistema de creencias y una organización social, política y religiosa semejantes, incluso hasta en aspectos como la planeación y la organización arquitectónica del espacio público.
Por otro lado, en Chichén Itzá el “complejo tolteca” es solamente parte de un conjunto cultural mucho más rico, combinado con tradiciones locales tanto en técnicas como en conceptos religiosos y simbólicos.
Basta ver el extenso sistema de sacbés, las técnicas de mampostería, la frecuencia de los mascarones como elemento continuo en la decoración de las fachadas y en relieve, y el uso de inscripciones jeroglíficas mayas al lado de representaciones “maya-toltecas”, para determinar que también en cuanto a expresiones culturales de la elite, Chichén Itzá es en esencia un sitio maya peninsular, no simplemente una colonia enclavada en territorio enemigo.
Sin duda, algunos “toltecas” participaron en el control que Chichén Itzá ejercía sobre Yucatán, pero es poco probable que lo hayan hecho como enviados directos de la lejana Tula en Hidalgo, separada por más de 1000 km de regiones bastante inhóspitas y no controladas por “toltecas”.

ESPECIAL 28
VIGENTE
TEOTIHUACAN

NÚMERO 93
VIGENTE
LA PINTURA MAYA

ARTÍCULOS EN LÍNEA

Hallazgos en el recinto
ceremonial de Tenochtitlan

Raúl Barrera Rodríguez,
Gabino López Arenas

A partir de las investigaciones realizadas hasta ahora es posible proponer, de manera preliminar, que la edificación encontrada sea el calmécac.


El Códice Madrid.
Un viejo documento revela nuevos secretos

Gabrielle Vail,
Anthony Aveni

En sus 112 páginas, contienen augurios agrícolas y astronómicos.

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