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ÍNDICE 28 La arqueología de Teotihuacan
Teotihuacan ayer y hoy Mapa de la zona arqueológica

Teotihuacan ayer y hoy
María del Carmen Solanes, Enrique Vela


Sacerdote del dios de la lluvia, con atributos del dios del maíz, cargando una
canasta con mazorcas. Zacuala, Teotihuacan. MNA.
Foto: Marco Antonio Pacheco / Raíces

Si bien la zona de monumentos que ahora se puede visitar en Teotihuacan representa tan sólo una parte del área que en su apogeo cubrió la ciudad, no cabe duda de que contiene uno de los conjuntos arquitectónicos más notables de la antigüedad, en el que sobresalen construcciones de gran tamaño y con notables características como las pirámides del Sol y de la Luna y la Ciudadela –en la que se localiza la extraordinaria Pirámide de la Serpiente Emplumada. A éstas y otras magníficas obras arquitectónicas se suman esculturas, pinturas murales, piezas cerámicas y objetos de obsidiana, entre otros elementos, que conforman uno de los acervos más ricos y complejos relacionados con una cultura prehispánica.
Todo esto, los monumentos que ahora pueden visitarse, las obras que se encuentran en distintos museos de México y el mundo –en especial en el Museo de Sitio de Teotihuacan y el Museo Nacional de Antropología–, y una gran cantidad de estudios que dan cuenta del desarrollo histórico de la ciudad, son producto de cientos de años de exploraciones.
Una ciudad de tales dimensiones, con una sociedad capaz de sintetizar con tal eficiencia los logros que habían venido dándose por siglos entre los grupos que la antecedieron, y de generar a su vez vigorosas manifestaciones culturales que le darían prestigio y que en adelante formarían parte de la vida cotidiana y ritual de los pueblos del Centro de México, no podía caer en el olvido.
En esta edición de Arqueología Mexicana se presentan imágenes de distintos momentos en la exploración e investigación de la ciudad, desde los primeros testimonios, plasmados en códices –en los que se refleja la importancia que desde entonces se concedía a los monumentos de la ciudad–, hasta fotografías actuales de las principales construcciones, así como una muestra de los numerosos hallazgos realizados en la ciudad.

Teotihuacan
En muchos sentidos, Teotihuacan es un sitio único. No sólo fue una de las mayores aglomeraciones urbanas que conoció el México antiguo, sino que, en su tiempo, llegó a ser la sexta ciudad más grande del mundo, sólo detrás de lugares como Constantinopla y Alejandría. Unas cuantas cifras dan cuenta de las dimensiones y la complejidad que hicieron de este asentamiento el más importante e influyente de su época, que lo convirtieron en una urbe cuya presencia se deja sentir prácticamente por toda la Mesoamérica del Clásico, y cuyo prestigio trascendió hasta siglos posteriores a su caída. En su apogeo, entre 350 y 550 d.C., Teotihuacan tenía una población de cerca de 100 000 habitantes. Para ese entonces el área urbana alcanzaba 20 km2 y contaba con cerca de 2 000 conjuntos de departamentos –en cada uno de los cuales vivían entre 20 y 100 individuos– de distintos tamaños, de acuerdo con la posición social de sus ocupantes.
Aunque en el valle de Teotihuacan existió durante el Posclásico una considerable población, para entonces la gran ciudad del Clásico había sido abandonada y si bien sus grandes monumentos se encontraban cubiertos aún constituían motivo de admiración por sus dimensiones y no habían caído en el olvido. A esto contribuía, sin duda, el prestigio que acumuló durante los cerca de ocho siglos en que fue la principal urbe mesoamericana. Los pueblos que le sucedieron sumaron a esa percepción de urbe poderosa e influyente una aureola de sitio mítico, de escenario de eventos fundadores. Las impresionantes dimensiones de los vestigios dieron lugar a la creencia de que la construcción de las pirámides había sido obra de los dioses o de gigantes; la huella de su grandeza en la memoria de los pueblos del Posclásico hizo que se le considerara el lugar en el que los dioses habían creado nada menos que el Quinto Sol, la última de las eras por las que había pasado la humanidad.

Historia de la ciudad
En su esplendor, Teotihuacan poseía una población y una infraestructura urbanas de tales magnitudes, que no tuvieron paralelo hasta el surgimiento de Tenochtitlan. En sus inicios, en la fase Patlachique (150-1 a.C.), Teotihuacan fue una aldea de grandes dimensiones, con cerca de 10 000 habitantes. Para finales de esa fase cubría unos 7 km2 y contaba con cerca de 30 000 habitantes. Durante la fase Tzacualli (1-150 d.C.), Teotihuacan llegó a cubrir un área de 20 km2 y a albergar una población superior a los 60 000 habitantes. Un factor importante en esta inusitada explosión demográfica pudo haber sido el traslado de la mayoría de la población de la Cuenca de México a la que, en adelante, prácticamente sería la única gran ciudad de la región. Es en esta época que se construyen las pirámides del Sol y de la Luna. En las fases posteriores, si bien el área ocupada no varió mucho, existió un crecimiento constante de la población, aunque de menor intensidad que la explosión demográfica de las primeras épocas. En la fase Miccaotli (150-225 d.C.), la población llega a los 85 000 habitantes y la ciudad vive un periodo de esplendor: en estos años se construyen la Calle de los Muertos y la Pirámide de la Serpiente Emplumada. Durante la fase Tlamimilolpa (225-50 d.C.), el número de habitantes ronda los 90 000 y la ciudad albergaba ya el complejo arquitectónico más significativo y de mayores dimensiones de toda Mesoamérica. A lo largo de la Calle de los Muertos, uno de los ejes sobre los que se dispuso la cuidadosa planificación de la ciudad, se encontraban edificios como las pirámides del Sol y de la Luna y la Ciudadela. Para la fase Xolalpan (350-550 d.C.), la ciudad había alcanzado su apogeo, y su prestigio y poder se manifestaban por prácticamente toda Mesoamérica. En ese entonces llegó a albergar a más de 125 000 pobladores, que se distribuían en cerca de 2 000 conjuntos habitacionales. Posteriormente, la población declinó paulatinamente y en la fase Metepec (550-650 d.C.) su esplendor llegó a su fin, cuando, tal vez a consecuencia de revueltas internas, los templos y las residencias de la elite del centro-cívico ceremonial fueron quemados. En ese proceso de declinación se habrían combinado varios factores, entre ellos el debilitamiento de la estructura social y el surgimiento de otras ciudades que disputaron su hegemonía. Sin embargo, hasta la conquista española, Teotihuacan siguió siendo una ciudad importante, aunque nunca más fue, como en el Clásico Temprano, el centro de la vida mesoamericana.

Teotihuacan y Mesoamérica
El desarrollo de Teotihuacan se vio favorecido por su estratégica ubicación, la cual, a la vez que le permitía el acceso a los abundantes recursos naturales de la Cuenca de México y el control de los depósitos de obsidiana cercanos, facilitaba la comunicación y el intercambio con otras regiones. Durante el Clásico Temprano (200-650 d.C.) llegó a convertirse en la ciudad más importante de Mesoamérica, a lo que contribuyeron, entre otros factores, tanto sus dimensiones y su gran población como la notable variedad y calidad de sus manifestaciones culturales. El desarrollo de una ciudad como Teotihuacan implica necesariamente la existencia de relaciones económicas y políticas con otros lugares, las cuales permitían obtener los recursos indispensables para el mantenimiento de su población, así como la satisfacción de los requerimientos de su clase dirigente.
En su apogeo, Teotihuacan era el núcleo de un amplio sistema que comprendía por lo menos tres áreas, cada una con características propias, definidas por el tipo de relación, económica o política, que establecía con la ciudad. De la primer área –que cubría entre 40 y 60 km– se extraía buena parte de los productos básicos para el mantenimiento de la población, así como algunas materias primas para la producción de diversos objetos, entre ellos herramientas y otros fabricados con obsidiana obtenida en los depósitos de la Sierra de las Navajas, Hidalgo. A una segunda área, que abarcaba entre 100 y 150 km, estaban destinados muchos de los productos elaborados en la ciudad, aunque también contribuía con ciertos bienes, como la característica cerámica Anaranjado Delgado, fabricada en el sur de Puebla. En esta periferia se localizan varios sitios con vestigios de claro estilo teotihuacano, entre los que se incluyen tanto elementos arquitectónicos como objetos cerámicos y líticos. La tercer área se refiere a Mesoamérica en su conjunto, en varios sitios se encuentra clara evidencia de la presencia teotihuacana. La naturaleza de la extensión de esta influencia aún no ha sido totalmente explicada, aunque es claro que llegaba a regiones mesoamericanas como Oaxaca, el Occidente y Guatemala. Es posible que en gran medida esto fuera consecuencia del establecimiento de redes comerciales, las que alcanzarían regiones distantes.

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Basado en María del Carmen Solanes Carraro y Enrique Vela, Atlas del México prehispánico, especial núm. 5 de Arqueología Mexicana, México, 2000, p. 68.

ESPECIAL 29
VIGENTE
CÓDICE NUTTALL
Segunda parte

NÚMERO 95
VIGENTE
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