Xochimilco es un lugar extraordinario, paseo de lujo para los habitantes de esta gran ciudad, que ahí se encuentran como si se cruzara un umbral a una época muy antigua, cuando la zona que ocupa ahora la ciudad de México era una de lagos, ríos y verdor. Xochimilco recibe su nombre por la tribu de los xochimilcas, que llegó a ocuparla en la época que otros grupos como los mexicas arribaron a la Cuenca de México. El vocablo significa “en el campo de las flores” o “en el terreno cultivado de flores”, como pocos adecuado para el lugar que nombra. Durante siglos y aún hoy, Xochimilco ha surtido de colores y verdor a la ciudad.
Sin duda Xochimilco es un lugar que se merece todas las flores que se le echan. Aun hoy en día, en medio de una feroz arremetida de ese monstruo de la época contemporánea que es el crecimiento urbano sin control ni orden alguno, conserva multitud de cualidades que le hacen un lugar único no sólo en el ámbito de la ciudad de México, sino como se decía hace algunos ayeres, en el concierto mundial.
Tiene méritos a tal grado, que se encuentra entre los primeros sitios mexicanos que fueron considerados Patrimonio de la Humanidad por la unesco, categoría que lo distingue como un bien de valores excepcionales, y que a la vez impone la responsabilidad de procurar su conservación en beneficio de todos. La relevancia de Xochimilco es producto de una afortunada suma de valores únicos que lo mismo incluye atributos naturales que históricos y culturales.
La región de Xochimilco representa uno de los muy pocos reductos del antiguo sistema de lagos que caracterizaba a la Cuenca de México, en la cual perviven algunas especies vegetales y animales que la modernidad ha extinguido en otras zonas de la ciudad; Xochimilco ha sido, y aún lo es, un atingente proveedor de agua para la metrópoli.
A la vera del pueblo se localiza una amplia extensión cubierta por chinampas, un sistema agrícola que era altamente apreciado por sus vecinos en la época prehispánica y que no dejó de causar asombro entre los primeros españoles venidos a estas tierras. Es de notar que en un contexto en el que
múltiples prácticas fueron seriamente
modificadas, si no es que borradas, tras la conquista, ese sistema permaneció a lo largo de la Colonia y aunque experimentó adaptaciones a los nuevos instrumentos y técnicas disponibles, en lo fundamental conservó su vocación y su papel como almácigo de la vida cotidiana de los habitantes de Xochimilco.
Los pueblos de la delegación de Xochimilco, en su gran mayoría establecidos en los mismos lugares que ocupaban en la época previa a la conquista, poseen también valores que contribuyen a la relevancia de la región, y en ellos se encuentran templos y algunas edificaciones civiles de los siglos coloniales.
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