ÍNDICE

NECESARIA ADVERTENCIA
ACERCA DEL NOMBRE DE ESTE CÓDICE

Como ha ocurrido con los antiguos libros mesoamericanos que, por diversas causas, se conservan en Europa, también este códice ostenta un nombre que nada tiene que ver ni con su origen ni con su contenido. El benemérito Edward King Lord Kingsborough le adjudicó primeramente (1831) el apelativo de Códice Fejérváry, porque en su tiempo pertenecía éste a un coleccionista húngaro de nombre Gabriel Fejérváry. Bastantes años después (1901) el distinguido investigador Eduard Seler, al volver a publicarse con amplio comentario, añadió al primer apellido el que correspondía a otro coleccionista de Inglaterra y así el libro mesoamericano comenzó a conocerse como Códice Fejérváry-Mayer.
Haber adquirido uno de estos tan valiosos y ahora tan escasos manuscritos de Mesoamérica, y haberlo sabido conservar, es ciertamente meritorio. Pero, ¿tiene sentido que por ello se prescinda de una posible enunciación que evoque su origen y contenido? ¿Qué pensarían los estudiosos del Viejo Mundo si algún nativo mesoamericano propusiera, por ejemplo, que a un manuscrito medieval, digamos una Biblia gótica, por haber sido posesión de don Pedro Moctezuma Tlacahuepantzin (hijo de Moctezuma II), se le conociera como “Códice Moctezuma Tlacahuepantzin?”
Propongo aquí anteponer a dicha designación –que conservo entre paréntesis– otra que me parece más adecuada: el nombre que introduzco es el de Tonalámatl de los Pochtecas.
Para hacer más comprensible este título expongo lo siguiente. Tonalámatl es palabra compuesta de tonalli, que significa día o destino, y ámatl, que vale tanto como papel o libro. Tonalámatl es un libro en el que, de diversas formas, se hace el registro de la cuenta calendárica o adivinatoria de 260 días y los destinos de ésta, es decir del tonalpohualli; la palabra pohualli significa “cuenta”. El título propuesto incluye además de la palabra tonalámatl, el señalamiento de que éste era de interés para un grupo determinado, en este caso de pochtecas o mercaderes. Integraban éstos unas especies de gremios o conjuntos de personas dedicadas al comercio siguiendo diversas rutas hasta lugares apartados.
Gracias a que se conservan varios de estos libros tonalámatl, prehispánicos y del periodo colonial, consta que no era raro que tuvieran distintos contenidos, en todo o en parte. Algunos incluyen uno o varios registros completos de los 260 días del tonalpohualli, correlacionados, de diversos modos, con sus correspondientes dioses o, asimismo, con los llamados “Señores de la noche” o “del día”, o con los que presiden las 20 trecenas.
También hay otros en que se consignan además diversos cómputos parciales de días con sus deidades, dispuestos en considerable variedad de arreglos. Otros to-nalámatl abarcan diversos temas, de connotaciones teológicas o rituales, o –como en el caso del Códice Borbónico– a modo de “apéndices” dan cabida a registros de veintenas de días o “meses” con sus fiestas y aun a ciclos de 52 años. De esto se infiere que existían tratamientos “especializados” en el contenido y disposición de estos manuscritos.
El Códice Florentino y otras fuentes refieren que estos tonalámatl eran consultados para conocer los “destinos”, buenos, malos o indiferentes, propios del día de nacimiento, o de aquel en que se debía imponer el nombre, o el más adecuado para el matrimonio, o para superar los efectos de pronósticos adversos, o para manifestar las transgresiones, etcétera.
Los pochtecas en sus principales acciones –días para emprender un viaje, regresar del mismo, dar gracias del buen éxito, celebrar fiestas, ofrendas y banquetes– hacían consulta en un tonalámatl. En ocasiones se llamaba a un experto, un tonalpouhqui; otras veces parece insinuarse que algunos de los pochtecas hacían la “lectura”. Así, se expresa: “Y cuando van a emprender su viaje, buscan un buen día: ése es 1 serpiente, camino recto, o 1 lagarto, 1 mono, 7 serpiente. Y cuando ya leyeron en el libro de sus destinos [en su tonalámatl], saben en qué día emprenderán su partida” (Códice Florentino, lib. IX, f. 8v).


Miguel León-Portilla
Ciudad Universitaria, UNAM
16 de septiembre de 2004

ARTÍCULO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

ESPECIAL 33
VIGENTE
CIUDAD DE MÉXICO
Guía arqueológica

NÚMERO 101
VIGENTE
LAS PIRÁMIDES DE MÉXICO

ARTÍCULOS EN LÍNEA

Pirámides como centro del universo
Eduardo Matos Moctezuma
Para los pueblos mesoamericanos, el movimiento de los astros y particularmente del Sol era determinante para estructurar su imagen del universo, y con base en ella definían también la orientación de sus ciudades y templos principales.


La conquista musical de México
Lourdes Turrent
El resultado más notable del trabajo de conversión que los frailes franciscanos llevaron a cabo con los naturales que habitaban la Cuenca de México en el siglo XVI, fue el esplendor del culto. Esplendor que se entendió como sonoridad

HOME . Suscripciones . Ediciones atrasadas . Banco Imágene . En línea . Indice General . Próximo Número . CONTÁCTANOS
©1993 Copyright Editorial Raíces S.A. de C.V.