arqueología mexicana
GUÍA VISUAL
Chichén Itzá
YUCATÁN

ÍNDICE 27
Chichén Itzá, Yucatán (introducción) Recorridos por Chichén Itzá
Descubrimiento y exploración de Chichén Itzá Mapa de la zona arqueológica

Descubrimiento y exploración
de Chichén Itzá


“El patio del Mercado”. Tatiana Proskouriakoff, 1946.
Reprografía: Boris de Swan / Raíces. Color: Samara Velázquez

En la época de la conquista, Chichén Itzá conservaba su aureola de sitio sagrado. Para ese entonces peregrinos mayas aún acudían a la antigua capital de los itzaes a realizar rituales –especialmente en honor de los dioses de la lluvia– en el Cenote Sagrado y en edificios como el Castillo y el Osario. Era tal la importancia que se le concedía a Chichén Itzá, que Francisco de Montejo llegó a plantear la posibilidad de establecer ahí la capital de la provincia de Yucatán, aunque esta idea no prosperó. Los cronistas de la época quedaron impresionados por las dimensiones de Chichén Itzá y por sus bien conservadas construcciones. Uno de ellos, fray Diego de Landa, se refiere así al sitio y a su principal edificio, el Castillo, en su Relación de las cosas de Yucatán (1982, pp. 112-114):

Es pues Chichenizá un asiento muy bueno a diez leguas de Izamal y once de Valladolid, en la cual, según dicen los antiguos indios, reinaron tres señores hermanos los cuales, según se acuerdan haber oído de sus pasados, vinieron a aquella tierra de la parte del poniente y juntaron en estos asientos gran población de pueblos y gentes, la cual rigieron algunos años en mucha paz y justicia.
Eran muy honradores de su dios y así edificaron muchos edificios y muy galanos, en especial uno, el mayor. [...] Este edificio tiene cuatro escaleras que miran a las cuatro partes del mundo, de treinta y dos pies de ancho y de noventa y un escalones cada una [...]. Cada escalera tiene dos pasamanos bajos, al igual de los escalones, de dos pies de ancho, de buena cantería como lo es todo el edificio. [...] Había, cuando yo le vi, al pie de cada pasamano, una fiera (con) boca de sierpe de una pieza bien curiosamente labrada. [...] Tenía delante la escalera del norte, algo aparte, dos teatros de cantería, pequeños, de cuatro escaleras, enlosados por arriba, en que dicen representaban las farsas y comedias para solaz del pueblo.

No existen mayores referencias sobre Chichén Itzá hasta que lo visitó en 1842 el notable viajero norteamericano John Lloyd Stephens en compañía del artista inglés Frederick Catherwood. Las detalladas descripciones de Stephens y los grabados de Catherwwod transmiten con fidelidad el estado de la ciudad a mediados del siglo XIX. Tras ellos, a pesar de que el sitio se encontraba en los linderos del territorio dominado por los mayas rebeldes durante la Guerra de Castas, un notable grupo de viajeros, fotógrafos, artistas y arqueólogos visitó Chichén Itzá y produjo un amplio conjunto de informes y estudios. Entre ellos se encontraban Désiré Charnay, Augustus y Alice Le Plongeon, Alfred P. Maudslay, Teobert Maler, William Holmes y Adela Breton, algunas de cuyas obras ilustran esta edición de Arqueología Mexicana.
A principios del siglo XX, Edward H. Thompson exploró, aunque con poca técnica, el Cenote Sagrado y algunos edificios, mientras que estudiosos como Eduard Seler, Alfred Tozzer e Ignacio Marquina realizaron trabajos sobre la arquitectura, la iconografía y la cronología de la ciudad, con lo cual se establecieron las bases tanto para entender su desarrollo como su papel en la historia mesoamericana. A partir de la década de 1920 comenzaron los proyectos de excavación y conservación de edificios cuyo resultado más notorio es el aspecto que ahora muestra Chichén Itzá a quien lo visita. Los primeros fueron emprendidos por el gobierno de México (a partir de 1924) y la Institución Carnegie de Washington (entre 1923 y 1936); con esta última colaboraba Tatiana Proskouriakoff, quien elaboró una bellas y detalladas recreaciones de algunos de los principales edificios. De estos proyectos se obtuvo importante información sobre la arquitectura, la pintura y las inscripciones del sitio, y se recuperaron numerosos objetos de todo tipo y esculturas que ahora se encuentran en el Museo de Sitio, el Museo Regional de Antropología de Yucatán Palacio Cantón (Mérida) y el Museo Nacional de Antropología, principalmente.
A partir de la última década del siglo pasado, Peter Schmidt ha estado al frente de un proyecto que ha proporcionado datos que permiten abundar en el conocimiento del sitio y proponer nuevas interpretaciones sobre su desarrollo y su papel en la historia del área maya y de Mesoamérica. Además, se exploraron y restauraron importantes conjuntos como el Osario y el Grupo de la Serie Inicial.

 

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA


Please enable JavaScript in your browser or update your Adobe® Flash® Player to view this content.


La Expulsión

Inicio . Ediciones anteriores . Número Vigente . Especial Vigente . Próximo Número . Suscríbete . Banco imágenes . Contáctanos
Quiénes somos . Otros productos . Anúnciate . Bolsa de Trabajo . Enlaces
©1993 Copyright Editorial Raíces S.A. de C.V.