En la época
de la conquista, Chichén Itzá conservaba
su aureola de sitio sagrado. Para ese entonces peregrinos
mayas aún acudían a la antigua capital
de los itzaes a realizar rituales –especialmente
en honor de los dioses de la lluvia– en el Cenote
Sagrado y en edificios como el Castillo y el Osario.
Era tal la importancia que se le concedía a Chichén
Itzá, que Francisco de Montejo llegó a
plantear la posibilidad de establecer ahí la
capital de la provincia de Yucatán, aunque esta
idea no prosperó. Los cronistas de la época
quedaron impresionados por las dimensiones de Chichén
Itzá y por sus bien conservadas construcciones.
Uno de ellos, fray Diego de Landa, se refiere así
al sitio y a su principal edificio, el Castillo, en
su Relación de las cosas de Yucatán
(1982, pp. 112-114):
Es pues Chichenizá
un asiento muy bueno a diez leguas de Izamal y once
de Valladolid, en la cual, según dicen los antiguos
indios, reinaron tres señores hermanos los cuales,
según se acuerdan haber oído de sus pasados,
vinieron a aquella tierra de la parte del poniente y
juntaron en estos asientos gran población de
pueblos y gentes, la cual rigieron algunos años
en mucha paz y justicia.
Eran muy honradores de su dios y así edificaron
muchos edificios y muy galanos, en especial uno, el
mayor. [...] Este edificio tiene cuatro escaleras que
miran a las cuatro partes del mundo, de treinta y dos
pies de ancho y de noventa y un escalones cada una [...].
Cada escalera tiene dos pasamanos bajos, al igual de
los escalones, de dos pies de ancho, de buena cantería
como lo es todo el edificio. [...] Había, cuando
yo le vi, al pie de cada pasamano, una fiera (con) boca
de sierpe de una pieza bien curiosamente labrada. [...]
Tenía delante la escalera del norte, algo aparte,
dos teatros de cantería, pequeños, de
cuatro escaleras, enlosados por arriba, en que dicen
representaban las farsas y comedias para solaz del pueblo.
No existen mayores referencias sobre Chichén
Itzá hasta que lo visitó en 1842 el notable
viajero norteamericano John Lloyd Stephens en compañía
del artista inglés Frederick Catherwood. Las
detalladas descripciones de Stephens y los grabados
de Catherwwod transmiten con fidelidad el estado de
la ciudad a mediados del siglo XIX. Tras ellos, a pesar
de que el sitio se encontraba en los linderos del territorio
dominado por los mayas rebeldes durante la Guerra de
Castas, un notable grupo de viajeros, fotógrafos,
artistas y arqueólogos visitó Chichén
Itzá y produjo un amplio conjunto de informes
y estudios. Entre ellos se encontraban Désiré
Charnay, Augustus y Alice Le Plongeon, Alfred P. Maudslay,
Teobert Maler, William Holmes y Adela Breton, algunas
de cuyas obras ilustran esta edición de Arqueología
Mexicana.
A principios del siglo XX, Edward H. Thompson exploró,
aunque con poca técnica, el Cenote Sagrado y
algunos edificios, mientras que estudiosos como Eduard
Seler, Alfred Tozzer e Ignacio Marquina realizaron trabajos
sobre la arquitectura, la iconografía y la cronología
de la ciudad, con lo cual se establecieron las bases
tanto para entender su desarrollo como su papel en la
historia mesoamericana. A partir de la década
de 1920 comenzaron los proyectos de excavación
y conservación de edificios cuyo resultado más
notorio es el aspecto que ahora muestra Chichén
Itzá a quien lo visita. Los primeros fueron emprendidos
por el gobierno de México (a partir de 1924)
y la Institución Carnegie de Washington (entre
1923 y 1936); con esta última colaboraba Tatiana
Proskouriakoff, quien elaboró una bellas y detalladas
recreaciones de algunos de los principales edificios.
De estos proyectos se obtuvo importante información
sobre la arquitectura, la pintura y las inscripciones
del sitio, y se recuperaron numerosos objetos de todo
tipo y esculturas que ahora se encuentran en el Museo
de Sitio, el Museo Regional de Antropología de
Yucatán Palacio Cantón (Mérida)
y el Museo Nacional de Antropología, principalmente.
A partir de la última década del siglo
pasado, Peter Schmidt ha estado al frente de un proyecto
que ha proporcionado datos que permiten abundar en el
conocimiento del sitio y proponer nuevas interpretaciones
sobre su desarrollo y su papel en la historia del área
maya y de Mesoamérica. Además, se exploraron
y restauraron importantes conjuntos como el Osario y
el Grupo de la Serie Inicial.
Viajeros y exploradores
en chichén itzá
Fray Diego de Landa (1524-1579)
Nació en España y llegó a la península
de Yucatán en 1547. Tomó posesión
en 1573 del obispado de Yucatán. Escribió
la Relación de las cosas de Yucatán, una
de las fuentes de información más ricas
sobre los mayas del área.
John Lloyd Stephens (1805-1852)
Frederick Catherwood (1799-1854)
Viajeros estadounidense e inglés, respectivamente,
que realizaron dos expediciones por la zona maya en
1839-1840 y 1841. Catherwood era arquitecto y dibujante,
y realizó ilustraciones ya clásicas sobre
los sitios que visitaron, acompañadas por las
amenas descripciones de Stephens.
Augustus Henry Julius Le Plongeon (1826-1908)
Curioso viajero inglés que en 1873 visitó
varias ciudades mayas. De esos recorridos, más
allá de sus peculiares ideas sobre sus constructores,
quedó un buen registro gráfico conformado
por planos de varios edificios, más de 500 fotografías
y dibujos de los murales.
Désiré Charnay (1828-1909)
Nacido en Francia, viajó por vez primera a México
en 1853 con el patrocinio del gobierno francés;
en 1880 volvió como miembro de la Comisión
Científica de México. Resultado de esos
viajes es una importante colección de fotografías
y grabados y la obra Ciudades y ruinas americanas.
Adela Catherine Breton (1849-1923)
Artista británica que visitó México
a principios del siglo xx. Realizó acuarelas
de notable precisión sobre diversos puntos de
la República Mexicana, entre ellos Chichén
Itzá, donde hizo copias fieles de murales ahora
desaparecidos.
Teobert Maler (1842-1917)
De nacionalidad austriaca, a partir de 1897 y hasta
1911 Maler llevó a cabo varias expediciones para
investigar los sitios arqueológicos de la cultura
maya. Estos trabajos fueron patrocinados por el Museo
Peabody, de la Universidad de Harvard.
Alfred Percival Maudslay (1850-1931)
Nació en Londres. Realizó, a partir de
1881 y hasta 1895, un recorrido por prácticamente
todos los sitios arqueológicos importantes conocidos
en esa época de México, Guatemala y Honduras,
sobre los que elaboró documentación gráfica
de tal calidad que se le considera uno de los precursores
de la arqueología moderna.
Tatiana Proskouriakoff (1901-1985)
De nacionalidad estadounidense, participó en
las exploraciones de varias ciudades mayas. Además
de realizar importantes contribuciones a la arqueología
y al desciframiento de la escritura maya, elaboró
–gracias a su formación como arquitecta–
magníficas reconstrucciones de sitios arqueológicos
que se publicaron en Álbum de arquitectura maya.
Román Piña Chán (1920-2001)
Arqueólogo mexicano. Llevó a cabo trabajos
en sitios arqueológicos por toda la República
Mexicana. Investigó numerosos sitios en la zona
maya y en Chichén Itzá exploró
el Cenote Sagrado, donde recuperó una importante
colección de objetos.
José A. Erosa Peniche (1886-1953)
Arqueólogo nacido en Yucatán. Participó
en la década de los treinta del siglo xx en la
investigación de varios edificios en Chichén
Itzá. Él fue quien realizó la exploración
en la que se descubrió la subestructura del Castillo.
Ignacio Marquina Barredo (1888-1981)
Nació en la ciudad de México. De profesión
arquitecto, realizó importantes contribuciones
a la arqueología de México. A principios
de los treinta del siglo XX trabajó en sitios
del área maya, entre ellos Chichén Itzá
y Uxmal.