| GUÍA
VISUAL
Chichén Itzá
YUCATÁN |
Descubrimiento y exploración
de Chichén Itzá

“El patio del Mercado”. Tatiana Proskouriakoff,
1946.
Reprografía: Boris de Swan
/ Raíces. Color: Samara Velázquez
|
En la época
de la conquista, Chichén Itzá conservaba
su aureola de sitio sagrado. Para ese entonces peregrinos
mayas aún acudían a la antigua capital
de los itzaes a realizar rituales –especialmente
en honor de los dioses de la lluvia– en el Cenote
Sagrado y en edificios como el Castillo y el Osario.
Era tal la importancia que se le concedía a Chichén
Itzá, que Francisco de Montejo llegó a
plantear la posibilidad de establecer ahí la
capital de la provincia de Yucatán, aunque esta
idea no prosperó. Los cronistas de la época
quedaron impresionados por las dimensiones de Chichén
Itzá y por sus bien conservadas construcciones.
Uno de ellos, fray Diego de Landa, se refiere así
al sitio y a su principal edificio, el Castillo, en
su Relación de las cosas de Yucatán
(1982, pp. 112-114):
Es pues Chichenizá
un asiento muy bueno a diez leguas de Izamal y once
de Valladolid, en la cual, según dicen los antiguos
indios, reinaron tres señores hermanos los cuales,
según se acuerdan haber oído de sus pasados,
vinieron a aquella tierra de la parte del poniente y
juntaron en estos asientos gran población de
pueblos y gentes, la cual rigieron algunos años
en mucha paz y justicia.
Eran muy honradores de su dios y así edificaron
muchos edificios y muy galanos, en especial uno, el
mayor. [...] Este edificio tiene cuatro escaleras que
miran a las cuatro partes del mundo, de treinta y dos
pies de ancho y de noventa y un escalones cada una [...].
Cada escalera tiene dos pasamanos bajos, al igual de
los escalones, de dos pies de ancho, de buena cantería
como lo es todo el edificio. [...] Había, cuando
yo le vi, al pie de cada pasamano, una fiera (con) boca
de sierpe de una pieza bien curiosamente labrada. [...]
Tenía delante la escalera del norte, algo aparte,
dos teatros de cantería, pequeños, de
cuatro escaleras, enlosados por arriba, en que dicen
representaban las farsas y comedias para solaz del pueblo.
No existen mayores referencias sobre Chichén
Itzá hasta que lo visitó en 1842 el notable
viajero norteamericano John Lloyd Stephens en compañía
del artista inglés Frederick Catherwood. Las
detalladas descripciones de Stephens y los grabados
de Catherwwod transmiten con fidelidad el estado de
la ciudad a mediados del siglo XIX. Tras ellos, a pesar
de que el sitio se encontraba en los linderos del territorio
dominado por los mayas rebeldes durante la Guerra de
Castas, un notable grupo de viajeros, fotógrafos,
artistas y arqueólogos visitó Chichén
Itzá y produjo un amplio conjunto de informes
y estudios. Entre ellos se encontraban Désiré
Charnay, Augustus y Alice Le Plongeon, Alfred P. Maudslay,
Teobert Maler, William Holmes y Adela Breton, algunas
de cuyas obras ilustran esta edición de Arqueología
Mexicana.
A principios del siglo XX, Edward H. Thompson exploró,
aunque con poca técnica, el Cenote Sagrado y
algunos edificios, mientras que estudiosos como Eduard
Seler, Alfred Tozzer e Ignacio Marquina realizaron trabajos
sobre la arquitectura, la iconografía y la cronología
de la ciudad, con lo cual se establecieron las bases
tanto para entender su desarrollo como su papel en la
historia mesoamericana. A partir de la década
de 1920 comenzaron los proyectos de excavación
y conservación de edificios cuyo resultado más
notorio es el aspecto que ahora muestra Chichén
Itzá a quien lo visita. Los primeros fueron emprendidos
por el gobierno de México (a partir de 1924)
y la Institución Carnegie de Washington (entre
1923 y 1936); con esta última colaboraba Tatiana
Proskouriakoff, quien elaboró una bellas y detalladas
recreaciones de algunos de los principales edificios.
De estos proyectos se obtuvo importante información
sobre la arquitectura, la pintura y las inscripciones
del sitio, y se recuperaron numerosos objetos de todo
tipo y esculturas que ahora se encuentran en el Museo
de Sitio, el Museo Regional de Antropología de
Yucatán Palacio Cantón (Mérida)
y el Museo Nacional de Antropología, principalmente.
A partir de la última década del siglo
pasado, Peter Schmidt ha estado al frente de un proyecto
que ha proporcionado datos que permiten abundar en el
conocimiento del sitio y proponer nuevas interpretaciones
sobre su desarrollo y su papel en la historia del área
maya y de Mesoamérica. Además, se exploraron
y restauraron importantes conjuntos como el Osario y
el Grupo de la Serie Inicial.
TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA
|
|
|