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ÍNDICE 28 La arqueología de Teotihuacan
Teotihuacan ayer y hoy Mapa de la zona arqueológica

La arqueología de Teotihuacan
Eduardo Matos Moctezuma


Exploración y restauración de los edificios de la Ciudadela, ca. 1921, durante los trabajos
del proyecto interdisciplinario dirigido por Manuel Gamio.
Foto: Archivo Ángeles González Gamio. Repro.: M.A. Pacheco / Raíces

Teotihuacan es, sin duda, una de las ciudades del México antiguo sobre las que se ha publicado un gran número de estudios; más de mil fichas bibliográficas así lo atestiguan. Su cercanía a la ciudad de México, pero sobre todo su importancia arqueológica y su presencia en Mesoamérica, son factores importantes para que sobre ella se haya concentrado la atención de muchos especialistas.
Los grupos nahuas posteriores a Teotihuacan, al no saber quiénes habían construido la antigua ciudad, la atribuyeron a los dioses, e incluso en ella ubicaron uno de sus mitos principales: aquel que habla del nacimiento del Quinto Sol, el Sol del hombre nahua. Testimonio de esto son las peregrinaciones que hacían al lugar y el relato del mito en distintas fuentes como, por ejemplo, la Leyenda de los Soles (Códice Chimalpopoca). Fray Bernardino de Sahagún habla de este mito y de la fundación de la ciudad en su Historia general de las cosas de Nueva España, en el Códice Matritense de la Real Academia y en el Códice Matritense del Real Palacio. De Teotihuacan, los aztecas copiaron el trazo de la ciudad en cuatro cuadrantes o barrios principales que vemos en Tenochtitlan. Excavaron en Teotihuacan, como lo demuestran las más de 40 piezas procedentes de esta ciudad que se encontraron en el Templo Mayor azteca, y copiaron los templos con talud y tablero; asimismo, pintaron motivos que recuerdan algunos elementos típicamente teotihuacanos y tallaron esculturas del dios viejo que imitan las figuras encontradas en Teotihuacan.
Hacia la segunda mitad del siglo XVII, don Carlos de Sigüenza y Góngora mostró interés por la antigüedad de Teotihuacan y realizó excavaciones en la Pirámide del Sol. Aunque no han llegado hasta nosotros documentos del sabio sobre ese interés, así lo señalan algunos de sus contemporáneos, como Gemelli Carreri, quien dice en su Giro del Mondo (1700): “Ningún historiador de los indios ha sabido investigar el tiempo de la erección de las pirámides, pero don Carlos de Sigüenza las considera antiquísimas y en poco posteriores al diluvio…” En cuanto a las excavaciones, el ilustre don Lorenzo Boturini señala en su Idea de una nueva Historia General de la América Septentrional:

Era este Cerro en la antigüedad perfectamente cuadrado, encalado, y hermoso, y se subía a su cumbre por unas gradas, que hoy no se descubren, por haberse llenado de sus propias ruinas, y de la tierra que le arrojan los vientos, sobre la cual han nacido árboles y abrojos. No obstante estuve yo en él, y lo hice por curiosidad medir, y, si no me engaño, es de doscientas varas de alto. Asimismo mandé sacarlo en Mapa, que tengo en mi Archivo, y rodeándole VI, que el célebre Don Carlos de Sigüenza y Góngora había intentado taladrarle, pero halló resistencia (Boturini, 1746).

Se trata, por lo tanto, del primer intento conocido por investigar el monumento. Ignacio Bernal, al referirse a Sigüenza, dice que: “…lleva a cabo la primera exploración francamente arqueológica, en la que trata de utilizar un monumento para esclarecer algún problema histórico” (Bernal, 1979).
Un trabajo interesante fue el plano de Teotihuacan que, en 1864, realizaron los miembros de la Comisión Científica de Pachuca, bajo el mando del ingeniero Ramón Almaraz. En ese trabajo se usaron por primera vez aparatos de precisión y, además, se excavaron algunos tlateles. También hay que recordar los trabajos de Désiré Charnay y la utilización de la fotografía como medio de documentación arqueológica en la segunda mitad del siglo XIX.
En las postrimerías del siglo XIX, don Leopoldo Batres descubrió el Templo de la Agricultura, en la Calle de los Muertos, y en 1905 emprendió trabajos en la Pirámide del Sol, bajo los auspicios del gobierno de don Porfirio Díaz. Un dibujo de Batres muestra la pirámide con cuatro cuerpos y en sus esquinas esqueletos de infantes. En la reconstrucción que hizo del edificio le aumentó un cuerpo más, como lo asienta Remy Bastien en su tesis La pirámide del Sol en Teotihuacan (1947). Asimismo, se construye el museo de sitio y se establecen leyes de protección para la zona.
En 1917, don Manuel Gamio y sus colaboradores comienzan sus trabajos en Teotihuacan, en los cuales se aplica su concepto de investigación integral al estudiar una región a partir de dos categorías: población y territorio vistos en su devenir histórico, desde la época prehispánica hasta el momento actual. Se trata de una investigación inter y multidisciplinaria en la que participan diversos especialistas, cuyos resultados quedan plasmados en los tres volúmenes editados, en 1922, por la Secretaría de Agricultura y Fomento con el título de La población del Valle de Teotihuacan. Con esa investigación estamos ante el surgimiento en México de la antropología como ciencia –con las ramas que la conforman: arqueología, antropología física, etnología y lingüística–, que tiene sus raíces en la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología Americana. La finalidad del estudio es, mediante la investigación, mejorar las condiciones de la población de ese momento.

 

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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Tomado de Eduardo Matos Moctezuma, “La arqueología de Teotihuacan”, en Arqueología Mexicana, núm, 64, noviembre-diciembre de 2003, pp. 28-35.


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