Una vez que la agricultura se convirtió en el principal proveedor de alimentos de los pobladores de la Cuenca de México se dio una serie de cambios profundos, como la sedentarización y el crecimiento demográfico, que establecieron las bases para el desarrollo de las sociedades que en los siglos siguientes hicieron de la región una de las más influyentes del México antiguo. Es por ello que a este periodo también se le conoce como Formativo.
En la cuenca, la información sobre el Preclásico Temprano (2500-1200 a.C.) procede principalmente de Tlapacoya-Zohapilco. Después de un largo periodo de cambios graduales, en esa época cristalizaron procesos como el de la sedentarización que, ligado a la domesticación de plantas y a la agricultura, permitió que los grupos humanos pasaran de un sistema de apropiación –basado en la caza, la recolección y la pesca– a uno mixto, en el que se incorporó la producción de alimentos. Este sistema, con diversas variantes, será el que prevalecerá hasta la llegada de los españoles. Con este cambio en la producción de alimentos ocurrieron otros, como la construcción de aldeas, el aumento sensible de la población, el establecimiento claro de jerarquías sociales, la producción de cerámica, el incremento en la fabricación de instrumentos de molienda para procesar los granos producto de las cosechas, y el intercambio de materias primas como la piedra verde y la obsidiana.
Para el Preclásico Medio (1200-400 a.C.) se da un notable crecimiento de la población, la división del trabajo es más clara, las aldeas son de mayor tamaño, y en ellas la jerarquización social es más compleja. La agricultura se fortalece con la construcción de terrazas, presas y canales para el control del agua, así como con el desarrollo de una adecuada irrigación para no depender excesivamente de la lluvia.
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